Wednesday, 22nd October 2014

Cabalgata en duermevela

Publicado el 29. abr, 2012 por en Libros, Zoo

Alfonso Fierro

 

Édgar Omar Avilés, Cabalgata en duermevela, Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2011.

En la imagen de la portada se pueden ver, atrás, unos edificios y, adelante, una niña parada sobre algo: no está ni arriba ni abajo sino como suspendida a la mitad. Luego de la portada, el índice nos adentra aún más en esa misma sensación de medianía. El libro Cabalgata en duermevela, de Édgar Omar Avilés (Morelia, 1980), está dividido en dos partes, por un lado, «Sombras de cabalgata», que remite a esa imagen visual que está entre la cosa y la nada, y por el otro, «Susurros de duermevela» que evoca ese sonido situado entre la voz y el silencio.

Y es que los cuentos que se incluyen en este libro se sitúan, justamente, en ese espacio intermedio y ambiguo simbolizado por la duermevela, el momento en donde sueño y vigilia se confunden y se intercalan hasta ser indistinguibles. Ese estado de indeterminación es lo que posibilita, entre otras cosas, la irrupción de lo fantástico, ese momento de duda en donde lo sobrenatural es posible, o al menos se siente como tal; lo sobrenatural aparecerá de distintas maneras y en distintos grados en los cuentos de Cabalgata en duermevela.

La confusión entre sueño y vigilia sirve para crear cuentos que pretenden provocar el desvanecimiento y la ruptura de muchas de las divisiones tajantes a través de las cuales ordenamos y clasificamos nuestras experiencias, realidad e imaginación, verdad y mentira, uno y otro… El caso paradigmático de esta eliminación de las distinciones es el primer cuento, «Playa Azul», en donde las identidades y los nombres de los personajes se confunden, en donde la secuencia temporal es distorsionada, en donde personajes de sueños y personajes de realidad se transforman mutuamente y en donde la locura y la cordura se muestran indistinguibles una de la otra.

Son muchos los cuentos en los que Avilés intenta llevar a cabo este tipo de rupturas. Imaginación y realidad se traslapan totalmente en «Al fondo del baúl», en donde las historias ficticias y la real de la protagonista son indiscernibles. La distinción temporal entre pasado, presente y futuro se rompe por una especie de premonición vivencial de la muerte en «Puentes de sombras». Mundos de ficción y mundos actuales se unen en una metaficción como «El final de la novela».

Toda esta variedad de situaciones, sin embargo, se une por un tema que parece ser predominante en Cabalgata en duermevela: la muerte. Ésta aparece de múltiples formas y a través de experiencias muy distintas a lo largo de los textos, y se va hilando y conjugando con los temas arriba mencionados: realidad, sueño, imaginación, todo queda en función de la muerte. La duermevela, ámbito en el que se sitúan muchos de los cuentos, simboliza también ese espacio entre la vida y la muerte en el que se debaten la mayor parte de los personajes y de las historias de estos relatos, así como el difícil discernimiento entre una y otra.

Son muchas las formas en que la muerte se manifiesta en Cabalgata en duermevela. En «Número equivocado», por ejemplo, la muerte aparece tanto en forma de pesadilla como de realidad. Una llamada telefónica une la angustia de la pesadilla de un niño, que teme morir, con la muerte inminente de su interlocutor. En otros cuentos desaparece la sensación de angustia y se vislumbra el lado esperanzador de la muerte. Es el caso de «Jonathan», donde el narrador se trata de convencer a sí mismo de que algo bueno vendrá para su hermano Jonathan luego de su inevitable muerte. Aún más, en «Playa Azul» se trata la muerte como algo placentero y deseable, ya que el dolor corporal se concibe como una fuente de orgasmo sexual, siendo el momento mismo de morir el último peldaño de esta escalada de placer.

El libro trata también la parte complementaria, la de aquellos que no padecen sino que provocan la muerte de algo o alguien. En algunos textos, como «Juicio y perdón» o «Engatuza», el asesinato es representado como una acción instintiva, poco meditada y bastante irracional. En «Usted no sabe decir adiós» es el acto mismo de asesinar lo que da inicio a la pérdida de identidad y señala el paso de la cordura a la locura. En otros cuentos, en cambio, el asesinato es calculado y preparado. El caso más representativo de esto es quizá «Al fondo del baúl», en donde la antropofagia aparece como un acto preparado y programado, y en donde tortura, muerte y alimento dan lugar a una extraña combinación entre la frialdad, el dolor y el placer.

Las dos partes en que se divide Cabalgata en duermevela inician y terminan con cuentos largos. En medio aparecen cuentos de menor extensión y minificciones. Hay algunos buenos textos en el libro de Avilés, como las minificciones «El secreto del vuelo» y «El pueblo del puerto» o el cuento largo «Al fondo del baúl». Sin embargo, en general el libro carece de consistencia, y junto con los cuentos mencionados aparecen muchos otros –la mayoría– que no se sienten bien logrados. Si bien resulta bastante claro que el libro de Avilés se intenta acercar a su temática principal desde distintos ángulos, con mayor o menor éxito, no podríamos decir lo mismo de la narración y el estilo de los cuentos, ya que sus cuentos resultan demasiado repetitivos. Lo segundo, en consecuencia, entorpece y obstruye lo primero.

Esto es así sobre todo por dos razones. Por un lado, Cabalgata en duermevela intenta narrar a través de distintos tipos de narrador y focalizaciones (primera y segunda persona y omnisciente). Aun así se trata de un estilo narrativo monótono, ya que muchos de los cambios en el tipo de narrador no generan un efecto notable en el cuento. Se esperaría que la voz narrativa agregara dimensiones distintas, perspectivas realmente diferentes entre los distintos textos, cosa que difícilmente sucede en el libro de Avilés. A veces, incluso, personajes de distintos cuentos parecen tener exactamente la misma voz. Por el otro lado, el autor abusa de ciertos recursos que vuelven predecibles sus cuentos. Un ejemplo de esto es el recurso de la inversión de perspectivas sorpresiva. En el texto «El brujo decapitado», un verdugo corta una y otra vez la cabeza del brujo frente al público: «las cabezas decapitadas se apilaban, nacidas una tras otra del insólito cuello del brujo» (p. 48), sólo para darse cuenta (el verdugo), al final, de «que en la plaza todo el pueblo yacía decapitado, mientras su cabeza rodaba junto con las demás» (p. 48). Si fuera el público y no el brujo el decapitado, podría sorprender agradablemente; ya desde «Engatuza», en donde se nos cuenta que una mujer ahoga a una gata y sus gatitos, cuando en realidad fue la gata la que ahogó a la mujer y a sus hijos, el recurso se antoja del todo desgastado y redundante.

Así, a pesar de que Cabalgata en duermevela tiene algunos momentos y textos interesantes, visto como un todo, el libro no propone demasiado, ya que muchos de los textos son insípidos o predecibles. El lector tendrá la mejor opinión al respecto, pero parece que el último Premio Comala todavía queda a deber.

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Alfonso Fierro (Ciudad de México, 1988) es estudiante de Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y  colaborador de Cuadrivio.

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