Wednesday, 22nd October 2014

Surcando escalas de luz. Segunda parte

Publicado el 11. dic, 2011 por en Cuadrivio proteico

Las relaciones que en distintas épocas, culturas y disciplinas se han encontrado entre lo grande y lo pequeño, lo observable y lo apenas imaginable, siguen siendo sorprendentes y en gran medida misteriosas. En esta serie de ensayos (de la cual publicamos ahora la segunda y última parte) se muestran los principios que cimentan la posibilidad de la cosmología como ciencia.

 

La caja de Pandora. Una reinterpretación del mito

 

 

Gabriel Gómez López

 

Pienso en la mitología como un lenguaje codificado, tal como pudiera serlo el de la poesía. Una forma de decir algo en varios niveles, una manera de disfrazar ciertos conocimientos que no deberían estar al alcance de todos. También creo que en la mitología puede aplicarse la máxima de Hermes Trismegisto, «lo que está arriba es como lo que está abajo». Los sucesos del mundo de los dioses, el macrocosmos, se repiten con ligeras variantes en el de los héroes, el microcosmos, pudiendo incluso pasar a la historia mitificada.

Prometeo, el vástago de Jápeto, dotado de gran ingenio, fue encadenado en las montañas del Cáucaso por órdenes de Zeus. Allí un águila le devoraba su hígado por siempre renovado. Castigo que debería ser eterno. ¿Pero qué hizo para ser merecedor de tamaña tortura?

Se sabe que el castigo de Prometeo está ligado al robo del fuego. El fuego es un elemento purificador, esencial. Pero también era el anatema favorito de Yaveh. Tradicionalmente se utilizaba para castigar a brujos y hechiceras, como en el caso de Gullveig (potencia del oro), quien en la mitología germánica siembra la discordia entre los dioses Ases y Vanes, y la cual, para eliminar toda posibilidad de retorno a la vida, fue arrojada varias veces a la hoguera. «Cuando a Gullveig traspasaron con lanzas y en la mansión de Hár la quemaron, tres veces la quemaron, tres veces renació, de nuevo, sin cesar y aún sigue viviendo», dice Volva, la profetisa de la Edda poética (Sturluson, 1987).

Para Heráclito el fuego es el principio de todas las cosas. Para Buda todo está en el fuego. El fuego tiene una función paradójica, por un lado es el agente de la destrucción total, por el otro, es un elemento civilizador.

«Amor al interior de un quásar». 60 x 40 cm, técnica mixta en papel amate, 2010
«Poderoso y frágil fotón». 60 x 40 cm, técnica mixta en papel amate, 2010

                                                                                                                      

Comenzaré por analizar los episodios de muerte por fuego referidos en las diversas mitologías tratando de encontrar respuesta a la pregunta inicial.

En Mesoamérica se llevaba a cabo la fiesta azteca del Fuego Nuevo. Cada 52 años la vida se renovaba con el fuego producido sobre el pecho de un sacrificado. En el ámbito mesoamericano las muertes por fuego son sacrificios y se refieren a mitos cosmogónicos.

Decían que antes de que hubiese día en el mundo se juntaron los dioses en aquel lugar que se llama Teotihuacan. Dijeron los unos a los otros dioses: «¿Quién tendrá el cargo de alumbrar el mundo?». Dos dioses fueron propuestos: el arrogante Tecuciztécatl y el bubosito Nanahuatzin. Tras ejercer sus ritos y luego de cuatro noches de penitencia intentaron entrar en el fuego, primero Tecuciztécatl. Pero el fuego era grande y muy encendido, y tuvo miedo y por cuatro veces fracasó. Entretanto el otro, cerrando los ojos, arremetió y se echó en el fuego. «Se comenzó a poner colorado el cielo y en todas partes apareció la luz del alba. Y después salió la luna. Pero el sol no se movía y decidieron morir todos para hacer resucitar al sol con su muerte». Hay quienes ven en este bubosito una evidente alusión al maíz, el sol que iluminaba el mundo náhuatl (Krickeberg, 1971).

En el Popol Vuh, los héroes Hunahpú e Ixbalanqué, tras superar todas las pruebas de los dioses de Xibalbá, el inframundo, pasaron la suprema prueba del fuego. Se dice que hicieron una gran hoguera, una especie de piedra ardiente, y la cubrieron de ramas gruesas. Entonces, abrazándose se precipitaron en la hoguera y así murieron los dos juntos. Los de Xibalbá molieron los huesos y los arrojaron al río. Los huesos se asentaron en el fondo del agua y se convirtieron en hermosos jóvenes. Obraban muchos prodigios. Se despedazaban a sí mismos. Uno se dejaba matar, el otro lo resucitaba. Al ver los milagros, los de Xibalbá pidieron ser despedazados para resucitar. Es lo mismo que hizo Medea con Pelias, o lo que pasa con los guerreros muertos en las historias celtas del caldero de la inmortalidad. Los gemelos tras el sacrificio se elevaron al cielo y uno fue el sol y el otro la luna (Popol Vuh, 2008).

Quetzalcóatl, ante el desastre de Tula, del cual se consideraba culpable, se fue con sus pajes a Tlillan Tlapallan (el lugar donde se juntan el negro y el rojo), el quemadero. Y se entristeció y lloró. Llegó a la orilla celeste del agua divina, se detuvo, cogió sus arreos, aderezó su insignia de plumas, su máscara de piedras verdes, y todo lo demás… Luego que se había ataviado, él mismo se prendió fuego y se quemó, por eso se llama el quemadero ahí donde fue Quetzalcóatl a quemarse. Se dice que cuando ardió al punto se encumbraron sus cenizas y que se aparecieron para verlas todas las aves preciosas. Al acabarse sus cenizas, vieron encumbrarse el corazón de Quetzalcóatl y cómo se convirtió en la estrella que sale al alba (Krickeberg, 1971).

Las muertes por fuego de las heroínas se refieren a suicidios por solidaridad o arrepentimiento. Incapaces de soportar el peso de la soledad, y a la manera de las viudas hindúes, deciden seguir a sus esposos a la hoguera.

En el mundo germánico, el destino de Brunhilda, la valkiria, estuvo marcado por el fuego. Encerrada en su círculo de llamas, aguardaba soñando en espera del mejor héroe, Sigfrido, quien la conquistó para perderla y luego recuperarla, pero no para él mismo, sino para Gunther. Cuando Brunhilda se enteró del engaño reveló el secreto del único sitio vulnerable de Sigfrido, provocando su muerte. Sin embargo, al percatarse de que había matado a lo que amaba, siguió al héroe en su pira funeraria. También Nonna acompañó a su esposo Balder en la pira en el preludio del crepúsculo de los dioses.

Entre los griegos, Capaneo, esposo de Evadne y uno de los siete capitanes que asaltaron Tebas, cayó fulminado por el rayo de Zeus cuando estaba a punto de conquistar los muros. Insolente, había expresado que ni el rayo del rey de los dioses le impediría destruir la ciudad. El castigo fue inmediato, el rayo lo alcanzó, se inflamaron sus cabellos, se precipitó al suelo ardiendo. Al encenderse la pira funeraria de Capaneo, Evadne no dudó en consumirse al lado del cuerpo de su marido. En Las suplicantes de Eurípides, Evadne expresa:

A la carrera, en danza báquica, de mi casa he venido hacia ti para poner mi pie en la llama de la pira y en tu misma tumba, para en el Hades destruir mi apesadumbrada vida y los dolores de mi existencia, pues es muy dulce la muerte cuando se muere con los que se ama si dios lo ha decidido (Eurípides, 1978).

Enone y Paris vivían felices en el monte Ida, ajenos a la civilización. Cuando Paris partió a Troya ella no pudo detenerlo, pero le advirtió que sería la única capaz de curarle sus heridas. Paris la olvidó para gozar de Helena. Al final, herido por las flechas de Filoctetes, víctima de una agonía tan atroz como la de Heracles, regresó a buscarla. Enone, resentida, lo dejó morir. Sin embargo, tardíamente arrepentida, se arrojó adonde ardía Paris para seguirlo en su viaje hacia el Averno.

«Multi-verso». 60 x 40 cm, técnica mixta en papel amate, 2010
«El reto de la no-localidad cuántica». 60 x 40 cm, técnica mixta en papel amate, 2010

                                                                             

Laodamía era la mujer de Protesilao, el primer héroe griego muerto en Troya. Cuando éste se embarcó a la guerra ella hizo una estatua de cera con su imagen y la puso en su lecho. Al recibir la noticia de la muerte de Protesilao, Laodamía suplicó a los dioses, quienes compadecidos permitieron que el muerto la visitara durante tres horas. Hermes llevó su alma y animó la estatua para cumplir la petición. En una de las versiones, ella se apuñaló, pero en otra, se dice que pasaba las noches abrazada a la estatua. Al descubrirse la verdad su padre ordenó quemar la estatua, pero Laodamía se arrojó en las llamas y pereció en ellas.

Aquí agregaré la muerte de Creonte, el padre de la infeliz Glauce que murió abrazada por la túnica maldita que le entregara Medea, y que al ver a su hija consumirse, tratando de salvarla, se convirtió en pira humana.

La muerte de Broteas y la de Salmoneo corresponden a un castigo por soberbia como el de Capaneo. Botreas, el hijo feo de Tántalo, ese extraño personaje de la mitología y al que más tarde regresaré, sufre un castigo por su soberbia. Si bien había tallado la imagen más antigua dela Madrede los Dioses y era un famoso cazador, se negaba a honrar a Artemisa, quien lo enloqueció. Gritando que ninguna llama podía quemarlo se arrojó a una pira encendida y dejó que las llamas lo consumieran. Por su parte Salmoneo intentó ser Zeus. Reclamaba que le hiciesen los sacrificios que correspondían al rey de los dioses, imitó el carro de Zeus, con rayos y truenos incluidos, pero fue fulminado por éste junto con toda su ciudad. Aún en el Averno sigue corriendo como loco en su carro con sus antorchas.

Por el contrario, hay muertes por fuego ejemplares, edificantes. Corresponden a personajes históricos mitificados, como el caso de Calano. Ante la inscripción de la tumba expoliada de Ciro, que decía: «No me envidies por este poco de tierra que recubre mi cuerpo», Alejandro se sintió conmocionado por la mutabilidad e incertidumbre de la vida. Entonces Calano, uno de los gimnosofistas que lo acompañaba y que sufría del intestino, pidió que se le preparara una pira. Hizo una plegaria, vertió una libación, se cortó un mechón de sus cabellos, ascendió a la pira invitando a los presentes a mantenerse alegres y le comunicó a Alejandro que en breve tiempo lo vería en Babilonia. Profecía que cabalmente se cumplió poco después al morir el héroe. Calano permaneció inmutable mientras ardía (Plutarco/Diodoro, 1986).

Y la de Ananda, el bienamado discípulo de Buda, que, al final de su longeva existencia y tras haber alcanzado el nirvana con enorme dificultad, aguardaba la muerte en una isla del Ganges. Los aldeanos de ambas orillas comenzaron a pelear para ser los conservadores de sus reliquias. Entonces Ananda se elevó por los aires y se autocombustionó. Las cenizas, al caer, se repartieron a partes iguales.

Pero lo que más nos acercará a una respuesta a la pregunta inicial es el relato de las muertes por fuego que implican un renacimiento en el mundo indoario. En el Ramayana tenemos tres episodios extraordinarios de pruebas de fuego que son testimonios de rejuvenecimiento.

Primero, el del asceta Zarabhañga. Éste antes de despedirse de Rama le dijo: «Ahí tienes el sendero, pero concédeme un poco de tu vista hasta que abandone mi cuerpo como una serpiente su piel vieja». El asceta entró al brasero consumiéndose su cuerpo en las llamas. «Las llamas consumieron los cabellos y el vello del magnánimo asceta, así como su arrugada piel, sus huesos, su carne y su sangre». Se tornó joven y salió de la hoguera luminoso.

Luego, el episodio de Kabandha, un horrendo rakshasha que había sido mutilado por Rama. El demonio había quedado con una imagen odiosa para el mundo a causa de una maldición de Indra y aguardaba la aparición de Rama para retornar a su imagen verdadera. Era necesario que su cuerpo se consumiera por el fuego para alcanzar la salvación. De pronto, dejando de lado las ascuas, el poderoso Kabandha se incorporó, como llama sin humo, ostentando doble vestidura y una guirnalda. Luminoso, inmaculado en sus ropas, alegre y vivo, llenos de adornos todos sus miembros, salió de la hoguera y montó en un carro esplendente e iluminó las diez regiones con su brillo.

Y finalmente, Sitá, que habiendo sido secuestrada por Ravana, fue rescatada por Rama tras un sinnúmero de aventuras. Mas sorpresivamente fue repudiada públicamente por su marido. Ella pidió pasar por una ordalía, procediendo a encender una pira para la prueba suprema, siguiendo el único camino que le restaba: el fuego. «Sitá se lanzó a la llameante hoguera en presencia de todo el pueblo […] la afortunada, al entrar en el fuego nutrido con ofrendas parecía a los rishis, devas y gandharvas la ofrenda completa de un sacrificio. Todas las mujeres lanzaron gritos viéndola caer en las llamas, como un chorro de manteca, bendecido con mantras, durante un sacrificio». Y resurgió de la hoguera «brillante como la aurora, adornada de aderezos de oro fino, vestida con ropas rojas, la joven de negros cabellos, arrollados en trenza» (Valmiki, 1952).

En el Satapatha Brahmana se lee: «Y cada vez que uno muere y es colocado en el fuego, renace del fuego como cuando nace de su madre y de su padre, pues el fuego consume solamente su cuerpo» (O´Flaherty, 2004).

Ahora bien, retornando al mundo griego encontramos rituales de inmortalidad a través del fuego. Heracles, el supremo héroe, regresaba a su hogar tras una vida plagada de aventuras, traía consigo a Yola, joven y hermosa, lo que provocó los celos de su esposa Deyanira. Ella intentó elaborar un filtro de amor con la sangre envenenada del centauro Neso que había conservado oculta. El centauro, agonizante a causa de una de las flechas de Heracles, la había engañado sugiriéndole que tiñera una túnica con su sangre y el héroe sería sólo para ella. Así lo hizo y se la mandó a su esposo, lo que provocó la terrible agonía de Heracles. Víctima de una venganza póstuma le hervían las entrañas, su carne se desprendía a pedazos… pero no moría. Mandó entonces hacer una pira en el monte Eta y se introdujo en ella. El supremo sacrificio le otorgó la apoteosis, y pudo entonces penetrar en el Olimpo. El hombre sufriente convertido en dios gracias al fuego.

«Complejidades de las microondas». 60 x 40 cm, técnica mixta en papel amate, 2010
«Ondas espaciales que determinan vida». 60 x 40 cm, técnica mixta en papel amate, 2010 

                                                        

Los mitos de Dioniso y Asclepio son hermanos gemelos. Ambos sufrieron la muerte-nacimiento. Sémele, la madre del primero, quiso atestiguar la grandeza de Zeus pero murió calcinada por el dios; ver a dios es morir. Sin embargo éste rescató el embrión y lo introdujo en su muslo para que terminara la gestación. En tanto que Coronis, la madre del médico divino, estaba embarazada de Apolo, pero le fue infiel con un mortal, de manera que el dios decidió matarla. En el momento en que su cuerpo era colocado sobre la pira, Apolo arrancó de su seno al niño aún vivo entre las llamas.

Plutarco en su De Isis y Osiris cuenta cómo Isis, en busca de Osiris, practicó con el hijo de Melkart y Astarté un ritual que lo iba a conducir a la inmortalidad, procediendo a tostarlo. Desgraciadamente el rito fue interrumpido y el niño terminó en las llamas. De igual manera en el himno homérico a Deméter, se nos narra cómo Deméter, en su búsqueda de Perséfone, practicó con Demofonte el mismo rito que Isis con idénticos  resultados, pues el ritual fue interrumpido ante los gritos aterrados de Metanira, la madre del niño. Haré un breve apunte respecto a Melkart, que podría ser el dios de los muertos entre los fenicios, Malk Addir, llamado «el rey poderoso».

Estamos a las puertas de los misterios de Eleusis, cuyo secreto permaneció inviolado a lo largo de los siglos bajo pena de muerte. En ellos se representaba la pasión de Deméter en busca de su hija Perséfone, raptada por Hades, el dios de los infiernos. En los misterios se escuchaba un horrísono trueno, se veía una potente luz… y algo sucedía, que los iniciados podían afrontar las desventuras de la vida: la vejez, las enfermedades, la miseria. Sintiéndose mil veces dichosos, el conocimiento les confería beatitud; en adelante tendrían la esperanza de la inmortalidad del alma. De lo que ocurría en el recinto tan sólo tenemos conjeturas. En su libro Eleusis, Karl Kerenyi hace una minuciosa investigación del ritual. Menciona los testimonios de la aparición de una luz misteriosa en el santuario y el encenderse de un fuego. Muchos autores hablan de ese fuego. Dice Kerenyi que la abertura de una chimenea en el edificio permitía salir a las llamas y al humo. Un erudito cristiano, Hipólito, refiere que el hierofante oficiaba por la noche bajo el gran fuego. Su trono estaba muy cerca del fuego. Luego, el sacerdote anunciaba el nacimiento del niño sagrado. La diosa había dado a luz en el fuego (Kerenyi, 2004).

Zármaro, embajador de la India, anhelaba conocer el secreto de Eleusis. Augusto le concedió el favor. Luego de presenciar el secreto, el brahmán ofreció una exhibición propia, tratando de superar la visión beatífica mediante un sacrificium beatificum. Entró al fuego voluntariamente, demostrando no tener en muy alta estima el mayor misterio de los griegos, y aunque pereció, divulgó parcialmente el secreto de lo que había sido testigo.

Otro rito fracasado ocurrió en el período de Adriano. Un filósofo cínico enamorado de las costumbres de la India se inmoló por cremación en Olimpia poco después de los juegos olímpicos del 165. Se daba a sí mismo el nombre de Peregrino o Proteo. Luciano, que lo detestaba, hace una cruda sátira de lo que considera una muerte absurda, y en el texto nos recuerda la muerte de Empédocles arrojándose al cráter del Etna y la transformación preferida de Proteo, mediante el fuego. Aporta detalles interesantes de la manera en que Calano y Zármaro se inmolaron, no arrojándose a la pira de una manera vulgar como Peregrino, sino «colocándose al lado sin moverse, y así se dejan asar poco a poco; luego se suben en ella y en la misma postura se van quemando sin moverse en absoluto de su posición horizontal» (Luciano, 1990).

Regresemos a Prometeo. Se le consideraba el creador de los seres humanos, a los que había hecho con arcilla. Les enseñó muchos de los beneficios de la civilización. En la larga enumeración que hace Esquilo en su Prometeo encadenado, refiriéndose a los hombres, dice: «Aunque observaban, hacían observaciones sin objeto, y oyendo no oían, sino que semejantes a las figuras de los sueños, a lo largo de toda su vida se movían confusos al azar». El dios civilizador les reveló las salidas y puestas de los astros, los números, las combinaciones de las letras, una memoria universal (matriz productora de las artes), la manera de uncir bajo el yugo a las bestias de carga, los vehículos de alas de lino de los marineros, los remedios para las enfermedades, los tipos de adivinación, la minería. Todas las artes de los humanos vienen de él. Pero sobre todo les enseñó dos cosas: el sacrificio y la domesticación del fuego: «Les abrí los ojos a los signos de las llamas, que antes eran insondables».

En cuanto a lo referente al sacrificio, se dice que Prometeo engañó a Zeus, o pretendió hacerlo, al darles a los dioses la porción de grasa y huesos envuelta en forma apetitosa y reservar a los mortales lo mejor: la carne y las vísceras. Respecto al fuego lo trajo oculto en una cañaheja. «Yo hice que los hombres dejaran de prever su fin… puse en ellos esperanzas ciegas». El coro le responde: «Fue ése un gran obsequio que hiciste tú a los hombres». Y responde el dios: «Yo busqué la recóndita fuente del fuego» (Esquilo, 1986). El fuego a través del cual descubrirían las artes. El fuego creativo, no el que se obtiene por frotamiento o por medio de la yesca, sino el fuego divino: el secreto de la inmortalidad del alma.

A consecuencia de esto y como venganza, Zeus les envió a la inquietante y hermosísima Pandora con la orden de no abrir bajo ninguna circunstancia el recipiente con el que la mandaba a la tierra. La curiosidad venció y al violar Pandora el secreto desencadenó los males que asolan a la humanidad dejando tan sólo la esperanza, el mayor de los males o el mejor de los bienes según se mire. Ahora bien, retornando a la máxima, «lo de arriba es como lo de abajo», veamos, entre los humanos, el mito de Tántalo. A causa de su noble cuna, pues era hijo de Zeus y Pluto, la riqueza, fue objeto de un afecto especial de los dioses; su riqueza era proverbial. Pero era taimado y astuto como Prometeo y, pudiendo incluso participar en los banquetes del Olimpo, sustraía el néctar y ambrosía divinos para entregarlos a los mortales. Se contaban cosas terribles de él. No había sido capaz de mantener la boca cerrada cuando era huésped de los dioses, sino que había revelado a los mortales lo que hubiese debido callar, de modo que reveló los secretos de los inmortales. Y estuvo a punto de provocar que los hombres fueran como ellos. Tántalo, según unas versiones, como la de Ovidio en el Arte de amar, es incapaz de saciar su sed y su hambre. Si en verdad a algún hombre mortal los guardianes del Olimpo honraron, ése fue Tántalo.

«La promesa del Bosón de Higgs». 60 x 40 cm, técnica mixta en papel amate, 2010
«Formación masiva de estrellas». 60 x 40 cm, técnica mixta en papel amate, 2010

Pero no pudo digerir su enorme dicha, y por su desmesura cobró un castigo terrible. Según otras versiones, el padre Zeus suspendió sobre su cabeza una piedra pesada que por siempre se esfuerza por apartar, quedando ajeno a todo gozo. Como dice Píndaro en su «Primera Olímpica», Pluto, como Pandora, está relacionado con la riqueza, y habrá que recordar que el niño divino de Deméter es también Pluto o Yaco. Hay un claro eufemismo respecto a la riqueza y belleza de la muerte.

Tántalo también participó en el robo del perro dorado que custodiaba la cueva de  Zeus en Creta. Lo había hurtado Pandareo (subrayo el parecido fonético con Pandora) y se lo entregó para que lo ocultara; pero Tántalo negó toda responsabilidad en el robo. Sin embargo la mayor ofensa fue el horrendo sacrificio que hizo de su hijo, cuando al invitar a los dioses a un banquete cocinó a Pélope y lo ofreció a los dioses. Estos se dieron cuenta y asqueados lo rechazaron, sólo Deméter devoró un omóplato del infeliz.

Pélope fue restaurado por Zeus, Hermes lo trajo de nuevo a la vida y salió del caldero más hermoso que antes, Deméter reconstruyó su hueso con marfil. Tántalo pasa por ser malvado, pero en realidad entregó a los dioses lo mejor que tenía, su propio hijo.

Los mitos de Tántalo y Pélope comparten muchos elementos: encierran un rito de resurrección, un secreto sustraído a los dioses, un intento de engaño a los mismos, como en el de Prometeo, y también hablan de la riqueza.

Como conclusión, creo que Prometeo fue castigado por enseñar a los mortales, no el fuego, sino el camino de la inmortalidad, el cómo llegar a ser semejantes a los dioses a través del mismo. Prometeo purgó largo tiempo su condena hasta que se presentó Heracles para liberarlo, pero las reglas del Averno son muy claras, «un cuerpo por otro», de manera que Quirón, aquejado por una herida incurable que le había infligido Heracles, renunció a la inmortalidad. Sospecho que para la liberación de Prometeo fue necesario que Heracles purgara con el fuego antes de ser divinizado y que en el Hades el sufriente Quirón ocupara su lugar, no el de Prometeo.

Pandora fue creada por Hefesto y Atenea, la modelaron a imagen de los inmortales. Cada uno de los dioses le profirió una cualidad, pero Hermes puso en su corazón la mentira y la falacia. Era el mayor castigo a los humanos. En mi opinión el regalo de los dioses a los hombres era, no la mujer, sino la muerte. De igual manera que en el Edén hebreo, al comer Adán del árbol del bien y del mal, al adquirir el conocimiento, debía evitarse que comiera del árbol de la vida y adquiriera la inmortalidad. Entonces serían dioses.

Creo que Pandora («otorgadora de todos los dones» o «el regalo de todos los dioses») y Pandareo («degollador universal») pueden ser representaciones de la muerte, siempre hermosa y lujosamente ataviada, eufemísticamente, «un bello mal». Si bien al abrirse el recipiente que le había entregado Zeus se dispersaron todas las desgracias, quedó en el fondo la esperanza de la inmortalidad a través del sacrificio por fuego. Pienso que este es el verdadero significado de la famosa caja de Pandora. Las ciegas esperanzas a los humanos se refieren a la esperanza de cegarlos en lo que se relaciona con el fin de sus existencias. La caja de Pandora impide que los hombres miren, como dice Uberto Curi en su estudio Mitos de amor: «El horrible rostro de Gorgona».

Esquilo, el autor de Prometeo Encadenado, fue acusado de divulgar el secreto de Eleusis en su Edipo, pero pudo sortear la acusación cuando demostró no haber sido iniciado en los misterios. Quizás Esquilo se identifica con su personaje Prometeo. Y que por eso en su obra Prometeo Encadenado aparece repentinamente Ío, una perseguida como Prometeo…  y como él mismo.

Así arribamos al mito del Ave Fénix, un ave tan extraña y maravillosa como jamás nadie había visto, del tamaño del doble de un águila, sus plumas eran de diversos colores, su pecho de púrpura, sus patas de bermellón, su pupila era como un grano de granada y tenía la más hermosa voz de cuantas se conocían. Nacida en Arabia, volaba cada quinientos años a Egipto. En Heliópolis, la tierra del sol, construía su nido y sepulcro; utilizaba plantas aromáticas, incienso, mirra, cinamomo. Colocaba en el nido su mudable cuerpo, con su pico rociaba con sus jugos alrededor y moría en sus propios restos. Pero enseguida el cuerpo se calentaba y el mismo calor hacía encender la llama. Ardía su cuerpo y se deshacía en cenizas. De esta masa nacía el ave de nuevo (De Ave Phoenice, 1984).

Finalizo con el crepúsculo de los dioses, el Ragnarok. Cuando Surt, triunfante, arroje grandes andanadas de fuego y llamas sobre cuanto quede en la tierra y el cielo y el universo, desaparecerá en un cataclismo de humo y oscuridad. Todo quedará caótico, informe, silente, en la nada… «pero veo surgir por segunda vez la tierra del mar, para siempre verde, caen cascadas, se remonta el águila, que en las montañas cazará los peces…». Y los Ases resucitarán para contemplar un renovado Asgard y para reunirse, como antiguos amigos, en sus sitios favoritos de antes. Y todos vivirán en armonía y afecto.

Bibliografía

 

De Ave Phoenice. Barcelona, Bosch, 1984.

Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica IV-VIII. Madrid, Gredos, 2004.

Curi, Umberto, Mitos de amor. Madrid, Siruela, 2010

Dioses y héroes de la mitología vikinga. Madrid, Anaya, 1987.

Esquilo, Tragedias, Prometeo encadenado. Madrid, Gredos, 1986.

Eurípides, Tragedias II. Suplicantes. Madrid, Gredos, 1978.

García Gual, Carlos, Prometeo. México, FCE, 2009.

Graves, Robert, Mitos Griegos. Buenos Aires, Losada , 1967.

Grimal, Pierre, Diccionario de Mitología Griega y Romana. Barcelona, Paidós, 2006.

Kerenyi, Karl, Eleusis. Madrid, Siruela, 2004.

________ Los Héroes Griegos. Girona, Atalanta, 2009.

Kott, Ian, El manjar de los dioses. México, Era, 1970.

Krickeberg, Walter, Mitos náhuas, mayas, múiscas. México, FCE, 1971.

Luciano. Obras III. Madrid, Gredos, 1990.

Mondolfo, Rodolfo, Heráclito, textos y problemas de su interpretación. México, Siglo XXI, 1989.

O´Flaherty, Wendy  Doniger, Mitos hindúes. Madrid, Siruela, 2004.

Ovidio, Arte de Amar. Madrid, Hiperión, 1999.

Píndaro, Odas y Fragmentos. Madrid, Gredos, 1984.

Plutarco, De Isis y Osiris. Buenos Aires, Lidium, 1986.

Plutarco/Diodoro Sículo, Alejandro Magno. Madrid, Akal, 1986.

Popol Vuh. Madrid, Trotta, 2008. Versión, introducción y notas de Miguel Rivera Dorado.

Sturluson, Snorri, Textos mitológicos de los Eddas. Madrid, Editora Nacional, 1987.

Valmiki, Ramayana. Barcelona, José Janés, 1952.

Yutang, Lin, Sabiduría Hindú. Buenos Aires, Biblioteca Nueva, 1949.

 

Nota acerca de las imágenes que ilustran esta tríada ensayística

La pequeña muestra pictórica que ilustra este esfuerzo colectivo de investigación está compuesta por 9 pares de cuadros abstractos que buscan concelebrar la liga entre lo divino y lo humano presente en la mitología, el arte y la ciencia. Por esa razón, el criterio de partición de planos, diseño y gradación cromática de cada pareja de pinturas está resuelto en sección áurea, número fi o divina proporción. Fórmula que resulta ser una bella y elegante relación geométrico-matemática capaz de sintetizar las leyes que rigen los aspectos de proporcionalidad, ritmo e invarianza que manifiestan todos los seres (animados e inanimados) en su crecimiento por igual, es decir, toda la materia en evolución.

Este conocimiento llegó a constituir un saber profundo e integrador de la realidad en diversas civilizaciones de la antigüedad, como lo prueban testimonios culturales de importancia mayúscula en el campo de la arquitectura, escultura, pintura, música, poesía y artes escénicas de muchos pueblos a lo largo de los siglos. Sin embargo, con el paso del tiempo dicho saber caería en desuso, convirtiéndose en un tema marginal o secundario propio dela Historiadel Arte o dela Estética.

Estamos convencidos que la sección áurea no sólo debe recuperar su filiación en el mundo del arte, la mitología o la simbología. También, ocupar un sitio crucial en el orden científico de nuestros días al venir a subsanar las inconsistencias de campos de conocimiento desligados a la fecha, como pueden serlola Astronomíay la Física. Como hemos visto, los descubrimientos logrados por ambas líneas investigativas de frontera son notables, pero buscan explicar la realidad desde su propia perspectiva, dando lugar a contribuciones parciales o fragmentarias precisamente por no coincidir los eventos que tienen lugar a nivel cósmico, con las aportaciones teóricas microfísicas

La sección áurea es entonces un puente, un eje articulador. Razón por la cual, las unidades de cada serie de imágenes representan un evento cósmico específico que se liga a otro de carácter subatómico. A pesar de producirse en diferentes dimensiones o escalas de la realidad macro y micro dichas imágenes resultan parecidas o complementarias entre sí, dado que son un vínculo que entrecruza los diversos lenguajes, tratamientos y contenidos de los tres ensayos presentados. De alguna manera, la sección áurea representa un  eje articulador.

Las 18 obras originales miden 60/40 centímetros y fueron pintadas en técnica mixta a espátula sobre papel amate hecho a mano por Humberto Ortega Villaseñor en el año 2010.  Fueron exhibidas bajo el título Paradojas  del Multi-verso en la Galería Célica de la ciudad de Ljubljana, Eslovenia durante el Séptimo Festival Internacional de Literatura, Arte, Cultura y Ediciones “Review within Review”.  Evento internacional que tuvo verificativo del 21 al 27 de septiembre de 2010, en diversos recintos del circuito histórico Skocjan-Ljubljana-Sezana-Trst/Trieste, República de Eslovenia e Italia.

 

 

 

Print Friendly

Tags: ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

33.760 Spam Comments Blocked so far by Spam Free Wordpress

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>