Tuesday, 29th July 2014

¿El origen de un cisma?

Publicado el 11. dic, 2011 por en Academia

Darwin y el pensamiento norteamericano en el siglo XIX

El sistema social estadounidense del siglo XIX sostenía su legitimidad en el acuerdo que tenían la ciencia y la religión sobre la jerarquía existente entre las razas –siendo la blanca la superior, por supuesto – y el objetivo que el Creador tenía para cada pueblo– siendo el pueblo estadounidense el elegido. En este ensayo, Damián Vallejo expone el cisma que significó la teoría evolutiva de Darwin al revolucionar las bases del orden social y la identidad cultural de los estadounidenses.



Strong Son of God, inmortal Love,

Whom we, that have not seen thy face,

By faith, and faith alone, embrace,

Believing where we cannot prove

Charles Lyell

José Damián Vallejo Ledesma

En 1925, Tennesse demandó al profesor de ciencias de una secundaria: John Scopes, por enseñar teoría de la evolución a sus alumnos[1]. En las discusiones públicas sobre el caso se consideró como ejemplo de la lucha entre el fundamentalismo religioso y el pensamiento científico, así como la manifestación de un conflicto que inició con la publicación de El Origen de las Especies de Charles Darwin en 1859 y que permeó la vida pública norteamericana desde entonces[2].

¿La tesis de Darwin significó solamente el inicio de una lucha permanente entre religión y ciencia? No, el impacto de la teoría de la evolución fue más allá de eso. En este ensayo, me propongo estudiar sus efectos en un aspecto poco mencionado, pero que considero fundamental: los efectos que tuvo sobre la legitimidad de las teorías científicas sobre el origen del hombre.

Antes de la Guerra Civil, cuando la tensión entre el Norte y el Sur alcanzaba sus puntos más álgidos, uno de los argumentos más socorridos por los defensores de la esclavitud fue el poligenismo, una teoría racial que explicaba «científicamente» las diferencias físicas entre blancos y negros como evidencias de la creación de dos especies distintas, una superior a la otra[3]. Esta teoría, en realidad, justificaba con argumentos supuestamente científicos un orden social y racial determinado.

¿Qué impacto tuvo sobre estas teorías la tesis de Darwin? Mi hipótesis es que  los postulados de la teoría de la evolución desacreditaron la cientificidad de las teorías predominantes (durante la primera mitad del siglo XIX) sobre el origen de la humanidad porque cuestionaron, y superaron, los supuestos fundamentales (de origen religioso) sobre los que descansaban: la creación del hombre y la poligenia. A partir de entonces, las explicaciones basadas en esos principios no fueron consideradas como ciencia y, aunque no desaparecieron por completo, perdieron la legitimidad que esta forma de producir conocimiento les brindaba.[4]

Las teorías sobre el origen del hombre antes de Darwin

Según Herbert Schneider, la convivencia de los norteamericanos blancos con los no blancos motivó preguntas sobre el significado de las diferencias raciales. Después, el aumento en las tensiones entre el Norte «libre» y el Sur «esclavista» reabrió el debate y lo agudizó. Esto llevó a que algunos biólogos y antropólogos buscaran «establecer las bases de una historia natural del género humano»[5] y así explicar los orígenes y diferencias físicas evidentes entre los hombres.

Bajo este contexto, aparecieron las explicaciones «científicas» que dominaron el pensamiento académico norteamericano hasta la llegada y difusión de El origen de las especies de Darwin, en 1859. Los fundamentos de estas teorías eran una mezcla de ideas religiosas, herencia del protestantismo, y de inferencias «científicas», es decir, obtenidas, supuestamente, con el método científico.

Según Bernard Crick, el pensamiento popular norteamericano ha influido decisivamente en el desarrollo académico e intelectual de los Estados Unidos. Hay dos ideas importantes en este imaginario que son herencia del puritanismo, en especial, de la ortodoxia calvinista, y resultan fundamentales para nuestra explicación: en primer lugar, la idea de que cada detalle de la vida es una manifestación del plan de la Providencia, y en segundo, la profunda creencia de que los norteamericanos son un pueblo escogido, destinado a la grandeza, y por lo tanto, racial y moralmente superior a otros. El autor lleva esta influencia aún más allá al decir, incluso, que el secularismo en Estados Unidos no significa necesariamente agnosticismo, «sino algún tipo de protestantismo no-denominacional, o de un vago, pero poderoso, deísmo»[6].

Los biólogos y antropólogos de la primera mitad del siglo XIX, por supuesto, no escaparon de esta influencia, y aunque también estaban familiarizados con las ideas sobre la ciencia del mismo periodo –tenían pretensiones de obtener afirmaciones válidas a partir de evidencia empírica–, no pudieron evitar que sus creencias afectaran sus investigaciones. Aceptaban la idea de una superioridad moral y racial por ser el pueblo escogido y la existencia de una deidad suprema. Como dice William Coleman: «entendían, y con mayor frecuencia, aceptaban el concepto cristiano tradicional de un Dios creador, uno cuyo providencial interés en sus criaturas podría interpretarse diversamente, pero nunca disminuirse ni negarse»[7].

Por ejemplo, en 1839, Samuel George Morton publicó Crania Americana, un estudio de los cráneos de los indígenas americanos, y en 1844, publicó Crania Aegyptiaca, donde analizaba cráneos de tumbas del Antiguo Egipto. Ambos libros tuvieron una gran aceptación entre algunos académicos, y sus conclusiones se sintetizaron en una publicación de 1849. Morton dijo que hay cinco razas humanas, definidas jerárquicamente a partir de su capacidad craneal, siendo la caucásica la que encabeza el orden, y la negra la que está al final. Por supuesto, los atributos son mejores conforme se asciende en la pirámide, y peores conforme se desciende.[8]

En el mismo tono, George Gliddon y Josiah Nott, antropólogos físicos, intentaron demostrar que la humanidad había manifestado profundas diferencias raciales desde tiempos remotos, y los negros siempre habían sido «seres degradados que disfrutaban su estado inferior como parte de la constitución real de nuestro mundo. Por supuesto, eran  personas muy adecuadas para tareas serviles y para la condición de esclavo»[9].

El otro pilar de estas teorías es la poligenia, que explica las diferencias raciales mediante orígenes distintos entre las razas; es decir, los hombres fueron creados distintos deliberadamente. Una de las características importantes que permitieron a las teorías poligenistas adquirir prestigio era su supuesta cientificidad. Según esta perspectiva, el Creador tenía en mente un plan para cada raza, lo que implica una jerarquía entre ellas. Desde esta perspectiva, la raza blanca es naturalmente, según los poligenistas, la que ocupa el lugar más privilegiado. [10]

Del origen de las especies por medio de la selección natural

Para entender el origen de la teoría de Darwin, es necesario hacer un breve recuento histórico de los problemas que buscaba explicar. Desde finales del siglo XVIII, los biólogos europeos, ante la evidencia recaudada por los viajeros continentales que demostraba la enorme biodiversidad en el mundo, habían intentado explicar esta variedad de especies, animales y vegetales, por su relación con los ambientes en que vivían, y las diferencias entre ellas, en especial las que tenían características muy similares.

Durante la primera mitad del siglo XIX, aparecieron muchas  pruebas, no sólo de la variedad de especies, sino de cambios en las mismas, pero las explicaciones seguían siendo iguales. Durante el siglo XVIII, los filósofos naturales veían en la naturaleza la obra de Dios; consideraban que «al estudiar las plantas y los animales, uno aumentaba su conocimiento de la naturaleza y simultáneamente glorificaba a su Creador»[11]. Hacia 1800, se enfatizaba la perfección relativa de los organismos, y en su «propósito», el cual establecía las condiciones por las que esa criatura podía existir, prosperar y reproducirse, se reflejaba la intención de Dios. Cualquier cambio en las especies se explicaba como parte del plan del Creador.

Sin embargo, esta explicación no convenció a muchos, entre ellos, a Darwin, quien creía que el mecanismo por el cual las especies cambian no era divino, sino que debía estar en la naturaleza misma. Con base en sus observaciones durante un viaje por Sudamérica, y con las ideas de Malthus de la lucha constante por la supervivencia como referente[12], respondió la pregunta sobre el origen de las especies con los principios básicos de lo que conocemos como «teoría de la evolución»; en 1859 los publicó en su libro Del origen de las especies por medio de la selección natural o La conservación de razas favorecidas en la lucha por la vida.

La idea básica de Darwin es la siguiente: las especies se encuentran en lucha permanente por sobrevivir, esta necesidad  hace que cambien en el tiempo, conserven los cambios que les permiten adaptarse mejor a su ambiente y sobrevivir, y desechen aquellos que les perjudican. Por este mecanismo, que llamó selección natural, Darwin explicaba los cambios en las especies sin recurrir al diseño inteligente. Cuando llevó su análisis al estudio del hombre, cambió definitivamente la forma en que se pensaba la ciencia y el origen de la humanidad.

La revolución darwiniana en Norteamérica

Para Darwin, los seres humanos no son una excepción a la regla. Al igual que el resto de las especies, la humanidad es una forma de vida evolucionada, con antepasados remotos, y no una creación inmutable, producto de un plan divino. En su libro El origen del hombre y la selección sexual, publicado en 1871, Charles Darwin cuestiona e invalida el principio de la creación tras una seria investigación:

la conformación homológica del hombre, su desarrollo embrionario y los rudimentos que conserva, prueban de la manera más evidente que desciende de alguna forma inferior […] tan sólo las preocupaciones y la vanidad que indujeron a nuestros padres a declarar que descendían de semi-dioses, nos inicia hoy a protestar por una afirmación contraria.[13]

Al incluir al ser humano en su explicación, la teoría de Darwin atacaba los dos pilares del pensamiento científico anterior: el origen divino del hombre y la poligenia. En primer lugar, el humano no era un ser inmutable creado a imagen y semejanza de Dios, sino una especie más que descendió de otras anteriores y que evolucionó por medio de la selección natural. En segundo, los seres humanos tenemos un origen común y somos una sola especie; en palabras de Darwin:

 

los naturalistas que admiten el principio de evolución (y la mayor parte de los jóvenes se afilian ya a este grupo) no vacilarán en reconocer que todas las razas humanas descienden de un solo tronco primitivo […] aunque las razas humanas actuales difieren bajo muchos aspectos, tales como el color, los cabellos, la forma del cráneo, las proporciones del cuerpo, etc., si se les considera en el conjunto de su organización, se ve que se parecen en alto grado por una multitud de puntos.[14]

Las consecuencias no sólo fueron teóricas, sino también prácticas. Al demostrar que los fundamentos de las teorías poligenistas estaban equivocados, Darwin destruyó su pretensión de cientificidad. La ciencia era un pilar del pensamiento norteamericano del siglo XIX y una fuente de legitimidad para cualquier idea que produjera[15]. Así, los sureños pro-esclavistas explotaron el supuesto valor científico de las teorías poligenistas para su propio beneficio porque si la ciencia decía que Dios había creado especies diferentes y la favorecida era la blanca, ellos tenían todo el derecho de explotar a los negros y mantener el status quo. Sin esa legitimidad implícita, cualquier teoría que tratara de explicar el origen del hombre o las diferencias raciales con argumentos creacionistas no sería tomada con la misma seriedad y sería considerada como pseudociencia o franca charlatanería.

Por supuesto, el cambio no fue automático: durante algún tiempo la tesis de Darwin fue rechazada, incluso maldecida por grupos conservadores que la consideraban una afrenta a sus creencias. Sin embargo, sin importar lo lento que haya sido el proceso, el golpe que la teoría de la evolución le dio a las teorías poligenistas y con fundamentos religiosos fue definitivo. Nunca más volverían a tener el prestigio que tuvieron, y su influencia se volvería limitada con el paso del tiempo, a un grupo de seguidores, algunos de los cuales, siguen su campaña feroz contra los descubrimientos de Darwin más de cien años después.

Conclusiones

El impacto del pensamiento de Darwin en la historia norteamericana es más complejo y diverso de lo que dicen las interpretaciones clásicas. En el pensamiento científico predarwiniano –europeo y norteamericano– había una relación entre la idea de Dios y el sentido de la vida, su orden y sus características. Detrás de la naturaleza y el universo, se veía un diseño inteligente –que era la prueba de la creación divina–.

El desarrollo de la naciente antropología física y la biología (por ejemplo, Morton y Natt) se apoyó en estas creencias, y tomó características especiales, herencia del puritanismo en Estados Unidos (el origen divino del hombre, la jerarquía y diferenciación entre las «especies humanas» como parte del plan de Dios). Pero hizo algo más, les dio un sustento que no tenían con otro de los pilares del pensamiento norteamericano decimonónico: la ciencia. Esta unión legitimó, por largo tiempo, la justificación intelectual de un orden moral y racial determinado que favorecía a los blancos sobre los no blancos.

Sin embargo, la teoría de la evolución cambió esto, permitió el desarrollo de nuevas disciplinas y subdisciplinas y cambió la forma en la que se hacía la ciencia, pues ya no se permitía que explicaciones teológicas fueran consideradas científicas. La tesis de Darwin sobre el origen del las especies y del hombre cuestionó los fundamentos de estas creencias: el hombre no es producto de un plan divino, sino de la selección natural, y las diferencias entre los hombres obedecen a razones de adaptación al ambiente, no a un diseño original. De esta manera se rompió la relación estrecha entre ideas religiosas y científicas, porque su punto de unión –el origen del hombre– fue explicado con base en la naturaleza y no en un plan inteligente. El racismo perdió su justificación científica, y eso, al menos en Norteamérica, se lo deben a Darwin.

NOTAS


[1] En Tennesse, desde 1925, había una ley que prohibía la enseñanza de la teoría de la evolución. ver: http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/tennstat.htm

[2] Michael Ruse, Darwinism Defended, a Guide to the Evolution Controversies, Cambridge, Addison-Weasley Publishing Company, 1983, pp. 285-290.

[3] Louis Menand, The Metaphysical Club, Nueva York, Farrar, Straus &Giroux, 2000, pp.104-105.

[4] Es importante aclarar que en este ensayo parto de la idea de que el desarrollo de la ciencia no sólo depende de las discusiones al interior de las disciplinas, sino que también es influenciado por el contexto social y las creencias compartidas de las comunidades en que crecen y viven los científicos.

[5] H. W. Schneider, Historia de la Filosofía Norteamericana, México, FCE, 1950, pp. 332-333.

[6]  Bernard Crick, The American Science of Politics: Its Origins and Conditions, Londres, Routledge, 1959, pp. 43-44, 47.

[7] William Coleman, La Biología en el siglo XIX, México, FCE, 1985, pp. 100-101.

[8]  Louis Menand, op. cit., pp.102, 104.

[9] William Coleman, op. cit., pp. 167-169.

[10] Ídem.

[11]William Coleman, op. cit., pp.102-103.

[12] Merryl Wyn Davies, Darwin y el fundamentalismo, Barcelona, Gedisa, 2000, pp. 34-35.

[13] Charles Darwin, El origen del hombre, Valencia, F. Semperey Cia., Editores, pp. 23, 86.

[14] Charles Darwin, op. cit., p. 196.

[15] Bernard Crick, op. cit., pp. 43-44, 47.

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José Damián Vallejo Ledesma (México, 1986) Estudiante de la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México.


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2 comments on “¿El origen de un cisma?

  1. Áurea on said:

    ¡Excelente texto! Me parece que el estilo y el modo de aproximarse al tema es idóneo para preparatoria y tal vez secundaria, por su accesibilidad, tono ligero y desenfadado. En efecto, estoy de acuerdo con Diego sobre cómo parasita el racismo (u otro) en cualquier propuesta que busque explicar los cómos y porqués del mundo; por eso mismo, creo que acercamientos como este pueden propiciar reflexiones metodológicas y éticas en todo aquel que quiera conocer los efectos sociales del trabajo de Darwin.

  2. Diego on said:

    Es muy interesante el tema que plantea el autor, y más aún dado que no ha perdido relevancia en varios estados de EEUU. Al respecto me ha surgido una duda: ¿Qué hay de las teorías del Darwinismo social, y qué papel tuvieron en el racismo estadounidense durante el siglo XX? Es importante tener en mente la relación causal entre el racismo y las teorías creacionistas o pseudocientíficas que lo han sustentado: dicha teorías nacen del racismo, y no al revés, y es así como el racismo ha encontrado refugio incluso en teorías Darwinistas.

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