Thursday, 2nd October 2014

Este hautor no save de lo ke abla

Publicado el 24. jul, 2011 por en Cuadrivio proteico

La voz de las personas ha encontrado un nido en internet que resulta preocupante. Guillermo Guerrero habla desde su experiencia como lector y moderador de comentarios cibernéticos, pasando por la mala ortografía y las relaciones de poder en un mundo virtual que no deja de sorprendernos.

 

Guillermo Guerrero


Últimamente en diferentes medios de comunicación se ha reavivado la polémica sobre la utilidad de dar voz a todas las opiniones y comentarios expresados en foros online, en periódicos, blogs o revistas, aun cuando la mayoría de ellas parecen estar escritas por simios que aporrean teclas (o al menos, ésa es la imagen que viene a mi mente). Parecería que en estos tiempos de democracia ofrecer a todos los lectores la oportunidad de expresarse resulta en una especie de fiesta de cavernícolas: el que no insulta, se burla; el que no habla mal del autor, insulta a otros usuarios del foro. Voces que se pierden en la inmensidad del internet sin ningún valor evidente. Con sus apreciadas excepciones, coincido en que visitar cualquier periódico en línea que permite comentarios asemeja más a un pleito entre vecinos que a una mesa redonda de seres pensantes. El caos. Sin embargo, creo que no es un problema reciente y que tiene solución. Trataré de explicarlo a continuación.

El mito del anonimato

Uno de los argumentos comunes en contra de permitir comentarios en los periódicos, revistas o blogs es que la gente se escuda en el anonimato para lanzar vituperios. Debo diferir: una de mis funciones en la revista para la que trabajo es leer cada semana todos los comentarios que ahí se expresan, escoger los más destacados (por la claridad de sus opiniones o porque verdaderamente aportan algo) y editarlos para su posterior publicación. Sucedió una vez que uno de nuestros reporteros recibió una amenaza; no tuve más que buscar la cuenta del usuario, encontrar la dirección IP donde fue abierta y supe que el presunto malviviente vivía en un pueblo de Zacatecas. ¿Existe el anonimato? Sin ingenuidades. Sé perfectamente los mecanismos para borrar mi huella digital en la red, pero siendo francos, dudo que el común de la gente lo haga.

Casi todos los sitios de internet te obligan a registrarte con una cuenta real de correo o –ahora de manera generalizada– tu cuenta de Facebook o Twitter. Nunca fue más sencillo localizar a una persona. El punto es que, seas o no un humano localizable, ¿sirve de algo obligarte a serlo?

No hablemos de casos tan dramáticos como el que expuse. Se tiene la idea de que si la gente se registrara con nombre y apellido (o credencial del IFE) para poder decir algo, se reduciría enormemente la cantidad de insultos proferidos. Pero si un supuesto Marco López Velázquez de Ixmiquilpan, Hidalgo, me dijera a pie de esta nota: «señor Guillermo, es usted un idiota», dudo mucho que me apareciera mañana en la puerta de su casa diciéndole: «con que usted piensa que soy un idiota…», seguido de un derechazo al esternón. Ridículo.

Se han buscado soluciones a este problema sin éxito. Una es que los mismos usuarios decidan si un comentario es ofensivo o no. Un párrafo racista, xenofóbico o altamente agresivo puede llamar la atención de los demás lectores y todos tienen la oportunidad de reportarlo; si se juntan suficientes quejas, el sistema automáticamente lo borra. Decenas de césares pidiendo mandar al león a un internauta.

Otra solución es abordar este tema de una manera más positiva. En vez de borrar, el sistema clasifica los comentarios más populares (botón «me gusta») lanzándolos al principio de la cadena y dejando los impopulares por debajo. Aquí no se borra nada, sólo se reacomodan. Hermoso.

¿Democracia o no? ¿Libertad de expresión a cualquier costo o narcisismo de los internautas? No tengo una postura al respecto, ¿por qué habría de tenerla? Un bistecito me puede parecer delicioso al principio, pero si me hace daño a la barriga pensaré que fue lo peor. Aun así, puedo ofrecer algunas experiencias propias:

 1. Dentro del mar de opiniones que no valen la pena, cada semana encuentro verdaderas joyas que merecen un espacio para su publicación. Argumentos sólidos, propuestas ingeniosas, experiencias interesantes y, muchas veces, réplicas a los autores. Si es necesario leer treinta mensajes malos para encontrar uno bueno, lo acepto, va por ellos.

2. El lenguaje se defiende por sí mismo. Si antes era común encontrar en un timeline de Twitter la palabra «haber» por «a ver», hoy disminuye el número de usuarios que lo hacen. Leer que mucha gente escribe bien obliga a los demás a hacerlo (o que los demás se burlen de cómo escribes, lo cual es más común, debo decir).

3. Un comentario inteligente y bien argumentado hace que los demás lectores suban el nivel de su réplica. Pero si alguien empieza a insultar, los demás lo siguen sin remedio.

4. El argumento define las respuestas. Un tema polémico atrae gente que se lanza con todo para desprestigiar al autor y muchas veces ni siquiera leen el texto. Un tema bien planteado y que obliga a la reflexión tiene menos respuestas. Es simple: una noticia sobre las preferencias sexuales de Kalimba tendrá todo tipo de comentarios, mientras que un ensayo sobre la filosofía del siglo veinte obliga al lector a replantear sus argumentos. No hay mayor misterio.

Mi analogía sobre el bistecito no es gratuita: estamos en un medio incipiente y llevamos relativamente poco tiempo aceptando las opiniones de todos. Es muy osado dar una conclusión al respecto. Pero si los insultantes son mayoría en este momento, habrá que ver cómo evolucionan. Por lo pronto mi conclusión sería: dejemos que cada quien diga lo que tiene que decir; pocas veces la historia nos ha dado la oportunidad de expresar nuestra voz como ahora. Aunque sea voz de carretonero.

Tres alternativas

Si aún están en desacuerdo con lo que hoy sucede en los foros públicos, ofrezco tres posibles soluciones:

La primera consiste en recuperar la figura de moderador, que existió en algún momento en foros y grupos de noticias. No tiene que ser uno solo, por supuesto; pueden ser varias personas dedicadas exclusivamente a leer cada uno de los comentarios expresados. Escoger a una persona que modere puede resultar difícil, pues la elección debe regirse por lineamientos perfectamente establecidos. Si un usuario insulta a otro abiertamente o se sale del tema y empieza a divagar sacando sus traumas personales, tache. Si le dice «pendejo» al autor del artículo, tache. Esta solución tiene sus desventajas. Evidentemente leer cada uno de los comentarios es misión difícil, pero no imposible. Otra desventaja es que muchos de los autores sí se merecen –conozco varios casos– el adjetivo «pendejo». Sin embargo, si se siguen reglas bien delimitadas se pueden quitar los prietitos del arroz.

La segunda solución es más elegante y ha sido probada con eficacia en varias páginas españolas: consiste en unas pocas líneas de código fuente que se insertan en los sitios a moderar. Muchos lo conocemos como el código AntiHoygan. La tecnología es maravillosa. Si un usuario escribe más de tres palabras con mayúsculas, aparece una ventana que le indica que debe escribir en minúsculas; si escribe «hoygan ustedes», le recuerda que según la Real Academia de la Lengua se dice oigan. Además genera una librería de palabras prohibidas, que no necesariamente tienen que ser altisonantes. Si el individuo escribe ke, le indica que se escribe que; si escribe «tu chingada madre», le recuerda que no se permiten leperadas; si escribe «compre viagra», apunta que no se permite colocar spam en los comentarios. Es una solución simple que no coarta la libertad de expresión y que obliga al comentarista a repensar la oración que quiere mandar. Nadie puede acusar al sitio de fascismo, al contrario: ayudaría a la defensa del idioma español.

La tercera solución es cobrar por cada comentario. No es la mejor, pero apuesto a que te la pensarías dos veces antes de decir «este hautor no save de lo ke abla».

________

Guillermo Guerrero es blogger apasionado (www.idosdelamente.com) y entusiasta de la tecnología. Articulista en el periódico Milenio diario y editor de diseño. Si viviera en Estados Unidos recibiría además el pomposo nombre de Community Manager, pero aquí solo es el tipo que se encarga de las redes sociales en la revista M Semanal.

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6 comments on “Este hautor no save de lo ke abla

  1. Neko Kitsune on said:

    antes que nada gracias a Guillermo Guerrero por darnos a conocer esta pagina, de lo contrario muchos (mi caso) ni por enterados de su existencia.

    Excelente el tema, me agrada mucho como lo abordas, de manera que hasta yo lo entiendo.

    Generalmente no dejo comentarios, pero el tema lo amerita, espero sea de los menos incoherentes.

    Saludos

  2. María on said:

    Excelente nota, bastante reflexiva plasmada en palabras sencillas…

  3. Es muy cierto en ocasiones entras a un foro y sólo lees leperadas insultos tras insultos, que hasta uno dice: horror mejor no escribo nada.
    Con respecto a la ortografía también es horrible ver palabras ke, kapaz, azí, cansion, yo trato, intento mejor mi ortografía y cuando uno lee este tipo de cosas empiezas a creer que uno es quién esta mal jajajaja.
    Gracias por hacer de nuestro conocimiento la existencia de esta página.

  4. Desconozco desde cuando se trata este tema en los periódicos, revistas o blogs; sin embargo me da gusto que lo expongas, pues comenzaba a creer que solo a mí -como lector- me incomodaba (no cuentan mis respuestas en el muro de mi Fb ¿ok? :P).

    En cuanto a las 3 posibles soluciones, me gusta la del moderador, ya que es la que me ha tocado presenciar en mi “vida” virtual. Aunque a veces les moleste a algunos dicha figura, cuando se aplica de manera objetiva, llega a dar buenos resultados.

    La del “código AntiHoygan” suena maravillosa mas nunca me ha tocado la oportunidad de verla en acción, por lo tanto no puedo hablar de su eficacia.

    De la última posible solución…pues… caray, mejor ni hablarlo. El día que empiecen a cobrar por participar (porque de eso se trata) olvídense: se habrán acabado sus problemas.

    Saludos. :)

  5. Muy cierto, Memo. Eres tan sabio. Coincido con la idea de que todo depende de los temas a tratar que van de la mano con los comentarios a recibir. Por lo general visito revistas web y en los comentarios he encontrado muy buenos complementos y aportaciones de los temas, comentarios que de verdad valen la pena.
    Algunas veces depende mucho de los sitios web que visites. Y como dices: “pocas veces la historia nos ha dado la oportunidad de expresar nuestra voz como ahora”
    Un saludo, felicidades por tu artículo.

  6. HOYGAN COMPREN ViAGRA!!!111

    Un tiempo me dió por leer Excelsior online.
    Temas “candentes” se llenaban de comentarios bastante… mmm… variados.
    Pero digamos notas del reciclaje, niños ganadores de concursos de conocimientos o cosas así eran ignoradas olímpicamente.
    Notas de bodas homosexuales, la influenza se atascaban.
    Es verdad es más interesante andar comentando en temas así para presenciar el show de los comentarios a favor y en contra, los que no atacan argumentos sino preferencias sexuales… en fin.

    También hay que considerar que conseguir un comentario es a veces difícil. La gente lo lee, lo comparte pero muchas veces no deja comentario. Tener que escribir tu nombre, luego tu correo parece una labor eterna para algunos.
    Es verdad, esto es relativamente nuevo. Pero no deja de ser fascinante.

    Muchos saludos y ojalá haya muichos comentarios más aqui. =D

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