Tuesday, 16th September 2014

Palabras Malditas

Publicado el 03. nov, 2010 por en Revistas, Zoo

Camila Paz Paredes

Palabras Malditas nace en 2003 con la intención de ser una tregua para el navegante del ciberespacio, acosado por los bombardeos informativos y publicitarios de la red. Sin embargo, su premisa es algo más que agresiva: las palabras son armas cargadas. Se entra a Palabras Malditas dando click en el balcón de un hotel de paso, como se entra a descansar del espantoso trajín moderno, de la formalidad, la puntualidad y la rectitud hipócrita en un burdel. Y al rato, las putas nos despiertan sospechas poco comunes: ya no estamos muy seguros de si bastará con esos billetitos para que nos dejen ir, tal vez lo que esos súcubos quieren es chuparnos la sangre.

El enigmático escritor y diseñador Moon Rider y una anónima Sexy Editora se encargan del funcionamiento de la máquina. Detrás de un diseño relativamente convencional y un título de truculencia fácil se descubre la naturaleza seductora de Palabras Malditas, después de enlodarse un poquito en sus tres secciones principales: Literatura, Infierno y Otros territorios. Dejemos el Infierno para el final. Primero los alrededores.

La revista anuncia su propósito con una cita de Octavio Paz y lo reitera con otros fragmentos  que aparecen y desaparecen en el encabezado de la página (es más, los invito a que simplemente den click en el título de las secciones sólo para ver estos efímeros banners): la impureza de la lengua, la connotación prohibida, la perversión del significado en el sentido. De ahí su doble cara entre lo explícito y lo secreto. He ahí el arte. Así, Literatura contiene una variedad sorpresiva de contenidos: cuento y poesía de autores vivos y muertos, reconocidos y desconocidos, desde jovencitos hasta fósiles de universidad –principalmente mexicanos, pero también del resto de Hispanoamérica– que pasan del obligado erotismo y el romanticismo sincero a las décimas jarochas. Y por supuesto, el doble sentido ofrece una buena dosis de humor. Pero también hay reflexión sobre el quehacer literario y sus minucias. Palabras Malditas cuenta con un nutrido archivo de artículos literarios, ensayos, crónicas, entrevistas y análisis críticos de obras, autores y situaciones de la más diversa índole. Finalmente, Literatura incluye una serie de revisiones de novedades editoriales, novelas y antologías de autores, casi todos, hispanos. En ninguno de estos rincones veremos intentos por desmenuzar las letras: aquí se tiene bien claro que la palabra es la pistola y que a la muerte no se le hacen disecciones científicas. No es, pues, una sección ni de lejos académica, sino un apartado con seducción propia.

Los Otros territorios son el pequeño complemento artístico. Tierras no tan profundamente trabajadas que, sin embargo, ofrecen interesantes puntos de vista con reseñas críticas y recomendaciones de música, cine, artes gráficas y escénicas. Parece que estas tierras no han sido del todo colonizadas por el espíritu de la revista, y es que resulta muy difícil encontrar en el lenguaje la coincidencia de las artes. Como lo ha hecho en la literatura, Palabras Malditas aún escarba estos terrenos en busca de ese otro discurso abisal que alimente a sus demonios. Tenemos fe en que pronto lo hallará.

El centro gravitacional de Palabras Malditas es el Infierno, el gran hervidero que aloja su alma, pues ahí están los cimientos esenciales de la revista: los 22 colaboradores fijos – unos más fijos que otros – escriben de todo en los más diversos estilos discursivos, y es por eso tan extraño que de tal conjunto multiétnico se haya hecho un espíritu característico que los colaboradores ocasionales han sabido comprender y al que se han sumado; un espíritu unificado que, no obstante, siempre puede mostrar otra cara, una suerte de alebrije retorcido. De ese sótano infernal afloran los aires literarios de náusea quejosa, los experimentos, los fracasos, hasta el ambientalismo y la política. Y sí, sobre todo el sexo. Y aquí tocamos uno de los puntos clave de Palabras Malditas, espejo también de nuestra época.

Parece que para hacer erotismo posmoderno basta con confesarlo todo: que si nos gusta por allá o por acullá, que si nos tiramos a las drogas y los desconocidos, que si el sado o el voyerismo. Pero escribir y describir «coger» no significa estar haciendo literatura erótica. Se requiere de auténtica intuición literaria para que la narrativa sexual no sea un cliché pornográfico o un lugar común de retorcimiento patológico. Dice Francisco Enríquez Muñoz, colaborador de Otros territorios: «el coito es el descubrimiento de la vida. El coito sorprende por lo inverosímil: va más allá de la rítmica fricción de los cuerpos, de los besos anhelantes de lengua o de piel, del enchufe y del vaivén de los sexos»[1]. El reto está en que la literatura es justamente lo que no se dice, es la profundidad de lo mundano; está debajo de lo que se denota, de lo que se refiere.

El erotismo, siendo tan difícil de cuajar, es de los temas más comunes entre los jóvenes escritores. La disposición de Palabras Malditas para ser parte de la tierra en que germina la nueva literatura, trae consigo la inevitable aparición de textos –que los editores no intentan esconder–  donde francamente desmerece la literatura. Esa honestidad con que se publican algunas malas líneas me parece el reconocimiento de un problema fundamental en la literatura emergente: la perversión artística es todo menos literal. Moon Rider y la Sexy Editora lo saben perfectamente.

En gran medida, el contexto hace al discurso: Palabras Malditas pone un marco digno del arte a algunas obras que difícilmente lo son, y que, sin embargo, uno puede leer con ánimo estético sólo por el placer de estar inmerso en el revoltijo de Palabras Malditas, que deja desnudos en la misma luz de la lectura pública tanto a los más rotundos éxitos, que nos llevan del punto final a dar click sobre el siguiente título, como a los textos menos afortunados, que en el mejor caso terminarán con el cambio de la dirección electrónica de la revista por la de algún sitio pornográfico (probablemente esto es lo que ha llevado a los directores a no aceptar más colaboradores permanentes en Infierno que traten temas eróticos).

El espacio que se ha dado a estos textos medianos parece tener que ver con la mayor atención que sus editores han puesto el exitoso proyecto de Radio Efímera (www.radioefimera.com), paralelo a Palabras Malditas, que lleva transmitiendo las 24 horas del día, por internet, desde hace cinco años y que recientemente se ha hospedado en el Museo de Arte Moderno con motivo del séptimo aniversario de Palabras Malditas. El programa más reconocido de esta transmisión es «Tripulación Nocturna», que se puede escuchar los martes a las diez de la noche, donde hay charlas y entrevistas libres de censura y acartonamiento con escritores, editores, periodistas, productores de cine, artistas plásticos, músicos y académicos, varios de ellos profesionalmente relacionados con temas de sexualidad en los medios y algo más de sueño e insomnio. La diversidad en el carácter, los interlocutores y los temas discutidos en este espacio ha hecho de éste uno de los programas mexicanos de radio con mayor reconocimiento.

Tal vez lo que algunos llaman la época de oro de Palabras Malditas –y no sólo le llaman así por haber sido su mejor época, sino por haber sido realmente una buena época– haya pasado, en cambio, cabe preguntarse por qué una revista que abre sus puertas a escritores aún en formación, que trata temas tan difíciles de sostener artísticamente y que puede ser fácilmente tomada por una revista «de pose» y clichés posmodernos, obtiene el Apoyo a Proyectos y Coinversiones Culturales del FONCA en 2007 y 2008, además de publicar de manera impresa su primera antología de cuentos en 2009 –un verdadero logro para una revista electrónica– , y de tener un CD Room con una amplísima muestra de cuento y poesía, al mismo tiempo de tener lecturas que fueron transmitidas por Radio Efímera y una selección de los mejores programas de «Tripulación Nocturna». Los invito a tomar el riesgo y averiguarlo.

NOTAS


[1] Enríquez Muñoz, Francisco, «Del cine porno al cine snuff: la fusión de la sangre y el semen» en Palabras Malditas, agosto de 2009. Obtenido de http://www.palabrasmalditas.net/portada/otros-territorios/cine/187-del-cine-porno-al-cine-snuff-primera-parte.html, consultado el 15 de octubre de 2010.

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Camila Paz Paredes (1989) colabora en el blog de la revista Ágora, de El Colegio de México, con la columna Inoculaciones. Forma parte del consejo editorial de Cuadrivio.


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