Thursday, 23rd October 2014

La arquitectura modernista en la ciudad de México

Publicado el 03. nov, 2010 por en Academia

La Revolución mexicana fue un vendaval que no sólo transformó las estructuras políticas y económicas de México, sino también la forma en que se entendían el arte y su función social. En este ensayo, Miguel Ángel Hernández Lobunsky examina la arquitectura modernista en la ciudad de México, vertiente del arte revolucionario que, como la pintura, la música y la literatura, combinó elementos de vanguardia con el renovado nacionalismo mexicano.


Miguel Ángel Hernández Lobunsky­­

Introducción

Es de suma importancia analizar el panorama arquitectónico de la ciudad de México a principios del siglo XX. Las influencias del modernismo en la gran urbe cambiaron radicalmente la perspectiva estética porfiriana, pero ¿a qué se debió esto?, y ¿qué movimientos incidieron en la arquitectura de esta época? Éstos son algunos de los puntos a tratar en esta breve reseña.

Asimismo, dentro del trabajo se explicarán los estilos que influyeron en la temprana arquitectura del siglo XX en la ciudad de México y cómo sufrieron variaciones dentro de la estética modernista mexicana. Se expondrá también cómo el modernismo se alió al nacionalismo y cómo después este mismo estilo coadyuvó a la formación de la concepción de arquitectura postmodernista influyendo en la conciencia estética del capitalino.

¿Qué es el modernismo en la arquitectura?

Cúpula Art Déco del edificio de Marina

Sin duda, muchos han escuchado la palabra alguna vez en sus vidas; los conocedores atribuirán este término a las distintas variaciones que ha sufrido la arquitectura en la esfera artística a través de la historia, por ejemplo: Art Nouveau y Coup de Fouette (en Bélgica y Francia), Modern Style (en Inglaterra y Estados Unidos), Sezession (en Austria), Jugendstil (en Alemania y países nórdicos), Liberty o Floreale (en Italia), y Modernismo (en España y Latinoamérica); la cuestión aquí sería: ¿Qué es el modernismo y cómo se refleja en la arquitectura?

La respuesta no es fácil, ya que encasillar al modernismo en un periodo fijo es imposible, pues se viene gestando prácticamente desde el Renacimiento[1], ya que es ahí cuando las formas tradicionales (artísticas y arquitectónicas) son cuestionadas por vez primera, planteándose nuevos parámetros en las construcciones, yendo, a su vez, más allá del ascetismo de muchas construcciones medievales[2] y regresando a la grandiosidad grecorromana.

Concretamente, el modernismo arquitectónico empieza a gestarse después de la Ilustración, cuando la monarquía francesa decide abandonar la pomposidad barroca y establecer la sobriedad y mesura neoclásica como la predilecta para su gobierno. Aquí de nuevo se ensalza a la civilización grecorromana, pero ahora también se buscan los vestigios originales de ésta, emprendiendo grandes proyectos arqueológicos para buscar la esencia de la arquitectura vitruviana[3] en su proyección original.

El panorama cambió drásticamente a la caída del Ancien Régime en Francia. La Revolución francesa negó absolutamente todo lo que tenía que ver con la monarquía, incluyendo a la arquitectura. Aunque no se rompe drásticamente con el estilo Neoclásico, se empiezan a cuestionar fuertemente los cánones vitruvianos de construcción y las acepciones arquitectónicas clásicas: Utilitas, Firmitas y Venustas (utilidad, solidez y belleza) son reemplazados por las de Ordonnance, Distributión y Bienseance (orden, distribución y exactitud), estableciendo un deliberado pragmatismo en la arquitectura[4].

El modernismo arquitectónico no sólo tuvo sus orígenes en Francia, pues otro suceso importante también influyó en su formación: la Revolución Industrial. Con el avance del sistema capitalista y sus medios de producción, cada vez quedaba menos espacio para plantearse cuestiones estéticas dentro de la arquitectura.

Una de las más importantes aportaciones al modernismo (en la arquitectura) de la Revolución Industrial fue el utilitarismo, impulsado por pensadores como Jeremy Bentham. Esta corriente filosófica es la quintaesencia de la arquitectura moderna, ya que deja de exigir un carácter estético, sólo cumpliendo con una función asignada, «vulgarizándose»:

la vulgarización de la arquitectura y su progresivo aislamiento de la sociedad llevó a que la disciplina volcase sobre sí misma, de modo que nos enfrentamos a la paradójica situación de que […] los elementos arquitectónicos son reducidos a puros signos sintácticos que no significaban nada más fuera de su propia función de estructura en su versión más nostálgica…[5]

Edificio de la Lotería Nacional, ausencia de ornamentos

Oficialmente, el modernismo, como corriente artística, nace a finales del siglo XIX y vive varios procesos catárticos por las coyunturas históricas entre las que se desarrolla, hasta que es sustituido por el post-modernismo[6] ya entrado el siglo XX.

Podemos distinguir dos procesos de formación en la arquitectura modernista[7] en México: el organicista y el «geométrico»[8].

El organicista es aquel que los estudiosos del arte denominan Art Nouveau, o simplemente modernismo[9]. Las causas de la amplia y rápida difusión de este movimiento en Europa hay que buscarlas en la renovación del ambiente cultural que siguió a la industrialización, con el fortalecimiento económico y el nuevo poder de la burguesía.

El punto básico de la estética modernista organicista es el concepto de unidad entre exterior e interior, coherencia estilística entre estructura, decoración y ornamentación; y en las artes aplicadas, una nueva calidad y dignidad de los objetos de uso, en oposición a la vulgaridad comercial provocada en la segunda mitad del siglo XIX por una producción industrial masiva.

La característica más importante del modernismo o Art Nouveau es la utilización de los nuevos materiales industriales como ornamentos (vidrio, hierro, concreto, mosaico producido en masa, etcétera) y su transformación a formas orgánicas, la mayoría de las veces asemejando plantas o materia orgánica. Ejemplos de esta corriente son: La Torre Eiffel, de Gustave Eiffel en París (1889), la casa Batlló de Antoni Gaudí i Cornet en Barcelona (1907) y las espectaculares entradas al metro de París de Héctor Guimard (primera década del siglo XX)[10].

Este estilo en la arquitectura se empezó a implementar en México bajo la dictadura de Porfirio Díaz, aunque no de una manera «pura» ya que muchas veces quedó mezclada con otros estilos, formando la compleja «arquitectura porfiriana». Algunas muestras de este estilo se pueden encontrarse el día de hoy en la colonia Roma y Juárez de la ciudad de México.

Elementos Art Déco en el Parque San Martín

El otro estilo importante (y el que más influyó en la arquitectura post-revolucionaria) fue el «geométrico» o el que los estudiosos del arte identifican como Art Déco, como una abreviación del término francés Arts Décoratifs. Este estilo (también identificado como «Estilo años Veinte») es característico de la post-guerra, ya que se establece después de la exposición internacional de 1925 en París, dedicada a las «artes aplicadas e industrias modernas»[11].

Sus características son: su predilección por la línea curva de trazo seco, los movimientos quebrados y/o angulosos y las formas encuadradas y geométricas en la arquitectura. Son de suma importancia, ya que van de la mano con el desarrollo de las corrientes vanguardistas como el cubismo, el constructivismo y el futurismo[12].

La función principal de las creaciones del modernismo «geométrico» era poder utilizarlas como si fueran máquinas[13], sin que dejaran de ser hermosas, al mismo tiempo. La idea era combinar el utilitarismo con la estética, así que la función de las herramientas del hombre dejaban de ser sólo pragmáticas y empezaron a ser también decorativas (de ahí el término Art Déco); el revestimiento de los interiores de edificios con mosaicos, candelabros y murales. Fue de vital importancia para el desarrollo de esta idea decorativo-pragmática.

Otra cuestión importante fue la utilización masiva del hierro que se producía como consecuencia de la Gran Guerra para la construcción de edificios, lo que permitió erigir rascacielos de manera más frecuente (el antecedente de éstos sin duda fue la Torre Eiffel), esto afectó directamente a la concepción de la arquitectura, pues el hierro sustituyó a la piedra como estructura relegándola a un uso de recubrimiento o meramente estético.

El estilo de los años veinte no sólo afecta la concepción arquitectónica de los edificios, sino también a la idea del uso del suelo, ya que con la creación de condominios y edificios de oficinas las personas dejaron de adquirir «suelo», en términos literales. Como último punto vale la pena mencionar que el mayor desarrollo del estilo modernista Art Déco se dio en los Estados Unidos, en ciudades como Nueva York y Chicago.

El modernismo en México

Firma del arquitecto del edificio de Orizaba 28

Después de terminada la revolución, los políticos buscaban acercarse a una ideología que los legitimara como clase dominante. Regresar a los cánones porfiristas era inaceptable, ya que los políticos trataban de alejarse del «antiguo régimen» (aunque sólo fuera en apariencia).

Como consecuencia de la promulgación de la Constitución de 1917 y los nuevos estatutos establecidos en los artículos 3º, 27º y 123º, que apuntaban hacia una política nacionalista, la clase dominante tuvo que adaptar también su pensamiento. Esto no sólo se vio reflejado en los discursos políticos de la época, sino también en el acercamiento a nuevas potencias y corrientes filosóficas.

México dejó de depender mayoritariamente de Europa y buscó acercarse más a los Estados Unidos. Además de esto, corrientes como el marxismo empezaron a penetrar en la esfera intelectual del país cambiando drásticamente algunos antiguos cinturones de relaciones porfiristas. Como consecuencia, el arte también sufrió cambios, ya que gracias a la política nacionalista ahora debió popularizarse, y al hacerlo, retomó elementos unificadores que contribuirían a la creación de una historia nacional. Como ejemplo tenemos el legado de las culturas prehispánicas[14].

Aunado a  esto, México quería presentarse ante el mundo como un país confiable que había superado sus luchas intestinas y que tendía a superarse de manera democrática, siendo de suma importancia para la vida económica del país, ya que sin la confianza y reconocimiento de las potencias internacionales, México simplemente quedaba aislado del mercado mundial, como bien expresa Lorenzo Meyer[15]. Una de las maneras para demostrar que México era un país nacionalista, pero a la vez abierto al mundo, era adaptar su estética artística (como ya se mencionó) y arquitectónica.

México retomó los estilos «de moda» y los adaptó de una manera espectacular a su entorno. Entre estos estilos se encontraban el Art Déco de la escuela de Chicago y en menor medida el Art Nouveau franco-belga.

Firma del arquitecto del edificio de Teléfonos Mexicanos

La pregunta aquí sería: ¿Retoma México el Art Déco estadounidense con el afán de alejarse de la influencia europea en la arquitectura porfiriana? Hay que ir por partes. El modernismo en México es una variante que vale la pena analizar a fondo, pues es una compleja conjunción entre las formas geométricas y futuristas del Art Déco y las formas también geométricas de las grecas y deidades prehispánicas. Esto se puede ver claramente en edificios gubernamentales o importantes monumentos de la época, como el interior del Palacio de Bellas Artes, El Monumento a la Revolución, la escuela primaria Benito Juárez, el Edificio de Salubridad de Chapultepec (hoy en día detrás de los paraderos) y el Edificio de la Lotería Nacional (sobre Paseo de la Reforma, atrás de la estatua del caballito de Sebastián), el Edificio de Marina (actual Museo de Arte Popular), el Frontón México y hasta el Teatro Metropólitan.

Valdría la pena describir un poco el interior del Palacio de Bellas Artes, para dar al lector un panorama un poco más amplio de la idea modernista en México. El palacio de Bellas Artes, cuyo diseño original creó Adamo Boari, iba a ser una de las obras más emblemáticas de la arquitectura porfiriana. Su construcción comienza en 1904 y no es terminada debido al estallido de la revolución; el proyecto es retomado por Federico Mariscal, quien lo concluye en 1934. Como mencionamos, es precisamente en estos años que la política nacionalista fluye por las venas de los mexicanos. El proyecto de Mariscal cambió terminantemente la forma de lo que iba a ser el Teatro Nacional, cuyo estilo original sería el Art Nouveau, imprimiéndole cambios sustanciales de la estética decorativa de la época[16].

El visitante del palacio de Bellas Artes se dará cuenta inmediatamente de que el panorama cambia rotundamente al acceder. La delicada figura de mármol blanco que se proyecta desde afuera se convierte en un pesado vestíbulo de mármol negro y rojo, asemejándose al Lobby de un rascacielos en el corazón de Manhattan. El observador cuidadoso se dará cuenta que la ornamentación del Palacio de Bellas Artes es muy poco común.

A la entrada de las escaleras de mármol que nos conducen al escenario o a la segunda planta del edificio encontramos dos fuentes de hierro de estética Art Déco, asemejando chorros de agua cayendo al suelo, pero al voltear hacia arriba, nos encontraremos con algo más impresionante aún: mascarones del dios Chaac maya con la nariz hacia abajo y mascarones del dios Tláloc, en su representación teotihuacana[17], también en hierro.

Herrería y esculturas en ventanas en el Palacio de Bellas Artes

El palacio de Bellas Artes, a pesar de su pesado aspecto, trata de simbolizar una oda a la fertilidad, el renacimiento del México post-revolucionario cercano a sus raíces y más productivo que nunca. Cabe destacar también la perfección del trazo geométrico del Palacio de Bellas Artes y la austeridad de su interior, que de alguna manera entra en conflicto con el exterior tapizado por elementos florales y esculturas, sin mencionar a los animales utilizados como cariátides.

Otro elemento importante del modernismo mexicano dentro de esta estructura son los murales que revisten sus paredes. Aquí claramente se puede apreciar el carácter populista-nacionalista del arte mexicano de la época debido a su estética que rescata a aquellos que no se sometieron a los cánones dictados por los gobiernos opresores y la representación de la superación humana mediante la tecnología, como en el mural El hombre controlador del Universo de Diego Rivera. Además, vemos el aprovechamiento decorativo del edificio al más típico estilo modernista, o pragmatismo más belleza, y en el caso mexicano, podríamos agregarle nacionalismo a la ecuación.

Sin embargo, el modernismo en México no se limitó a la construcción de edificios gubernamentales y públicos. Dos sucesos importantes al que se enfrenta la ciudad en estos años son, sin duda, la migración y el crecimiento de los suburbios –cabe mencionar que empiezan con Cárdenas y aún hoy están vigentes–, por eso, el modernismo reflejado en la arquitectura urbanística es muy especial. Se puede ubicar claramente en las colonias Juárez, Condesa, Centro, Churubusco, Roma sur, Nápoles, Romero Rubio, Guerrero (en su parte norte), Santa María la Ribera (en su parte norte también) y Tlalpan[18].

Lo interesante es que las nuevas colonias empiezan a ubicarse atrás de lo que habían sido las zonas acomodadas del Porfiriato, pero también se crean nuevas colonias atrás de los importantes ríos que cruzaban la ciudad, que debido a la redistribución urbana y al boom petrolero[19] (lo cual conlleva a su vez a un boom en la utilización de máquinas movidas por derivados del petróleo, entre ellas el automóvil) debieron ser canalizados para crear en su lugar viaductos que ahora dividirían a la ciudad en un segundo plano.

Parte posterior del Edificio Rio de Janeiro

El modernismo aplicado a las casas habitación no fue muy diferente al de los edificios gubernamentales. Se siguió la línea nacionalista adornando edificios con grecas o águilas, haciendo alusión al pasado prehispánico. Pero esta arquitectura no estuvo limitada al modernismo nacionalista, también rescató elementos del futurismo de la escuela de Chicago imprimiéndole formas geométricas cortantes a las fachadas, a veces agregándole cariátides o elementos flamencos a las construcciones (el edificio Río de Janeiro de la calle Orizaba es un claro ejemplo).

Otro elemento importante fue la introducción del condominio a la lógica arquitectónica de la ciudad. Como mencionamos anteriormente, el fin de la arquitectura modernista era de carácter utilitarista, así que entre mejor se aprovechara el espacio de construcción más efectiva resultaba la edificación. Aunque los primeros condominios fueron construidos durante los sexenios de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán, aunque la idea se manejó desde el sexenio de Lázaro Cárdenas.

La creación de condominios embonó muy bien con la política pseudosocialista  mexicana. Curiosamente, los primeros condominios –ubicados en Paseo de la Reforma esquina con la calle de Varsovia– fueron concebidos como residencias de lujo y no fue sino hasta el proyecto del Centro Urbano Presidente Alemán (sobre la avenida Félix Cuevas, al sur de la ciudad) que el concepto de «condominio» se popularizó.

Con éste también nació una nueva concepción de la propiedad privada, ya que ahora el citadino deja de ser «dueño de tierra» y pasa a convertirse «dueño de aire», el espacio entre su vecino de arriba y el de abajo. Asimismo, la plusvalía de la tierra aumentó en más de un cien por ciento, ya que su precio no sólo se empezó a medir por metros cuadrados, sino también por metros de altura. Esto se puede ver claramente en el edificio Basurto en la Condesa o en el edificio Sears, en la avenida Juárez, frente al palacio de Bellas Artes. Así, los primeros condominios fueron construidos por iniciativa privada, bajo la supervisión de Mario Alberto Pani, importante arquitecto de la década de los cuarenta y cincuenta[20].

Conclusiones

Teatro Metropólitan

La arquitectura modernista es de suma importancia para la concepción de la ciudad de México en la época contemporánea. Sus obras hablan por sí solas, como muchas construcciones y objetos en la gran urbe; el modernismo de la capital es ecléctico, tendiendo a una corriente que se podría describir como nacionalismo futurista.

Finalmente, el modernismo era la salida del estancamiento, no sólo en México, sino en otros países industrializados de América Latina[21]. En México, esta corriente no sólo se presentó como un voltear a ver a Estados Unidos huyendo del oscuro pasado de la dictadura y su influencia europea, sino también como un voltear al mundo desde un país democrático consolidado, a la vanguardia y listo para el devenir.

Con la introducción de la arquitectura modernista se crean nuevos conceptos en la propiedad privada, conceptos que parecen estar más vigentes que nunca en la actualidad. Esta es la época en la que arquitectos de renombre, como Mario Alberto Pani Darqui, revolucionan la arquitectura y su utilidad retomando la concepción de la machine à habiter del arquitecto francés «Le Corbusier», en la cual el edificio cumplía una función específica, es decir, era como una máquina[22], una extensión funcional del ser humano.

Además, es precisamente en esta época en la que se llevan a cabo otros procesos que influyeron de manera contundente en la lógica urbana de la ciudad de México, como: el crecimiento demográfico debido a la industrialización, y como consecuencia, la disección del lago de Texcoco que cubrió gran parte del territorio de la capital hasta mediados del siglo XX.

Esto cambió dramáticamente el panorama del valle del Anáhuac, cuya consecuencia fue la complicada ecuación urbana –que sigue siendo la actual– en la ciudad de México, pues surgieron nuevas colonias y antiguos pueblos entraron en la demarcación del Distrito Federal (basta recordar el pueblo se Mixcoac o San Ángel, hasta el mismo pueblo de San Juan de Aragón). Asimismo, las formas de transporte evolucionaron y las distancias se acortaron gracias a los nuevos viaductos.

Cabría destacar que, según puede observarse en los diversos planos de la ciudad, el movimiento modernista fue el último que se llevó a cabo bajo un orden urbano; tal vez exceptuando el intento descentralizador de ciudad Satélite y la creación de las unidades habitacionales John F. Kennedy  (hoy Unidades Aragón, secciones 1, 2, 3, 4, 5 y 6), la ciudad no tuvo otro proyecto de desarrollo urbano tan elaborado.

Resulta interesante que actualmente se estén llevando a cabo proyectos urbanísticos importantes en zonas exclusivas de la ciudad (Santa Fe, por ejemplo), en los cuales la traza urbana empieza a funcionar de nuevo de manera pragmática, no sólo al disponer con edificios inteligentes, sino también contando con todos los servicios dentro de la zona[23], pero hasta donde se ha podido observar, no hay un proyecto de descentralización y ubicación coherente de las viviendas, sobre todo refiriendo a las colonias populares[24].

Por último, se exhorta a que continúen los trabajos de arquitectura y urbanística de la ciudad de México, ya que es sumamente complicado y, a su vez, interesante describir y analizar todo el patrimonio arquitectónico con que cuenta, desde la traza urbana colonial hasta los actuales proyectos arquitectónicos de lujo.

NOTAS


[1] Kenneth Frampton, Historia Crítica de la Arquitectura moderna, 3ª edición, Trad. de Jorge Sainz, Barcelona, Gustavo Gili, 1981.

[2] Tal vez exceptuando sólo al Gótico de esta descripción.

[3] Vitruvio: arquitecto de Julio César, durante su juventud, que al retirarse del servicio entró en la arquitectura civil, siendo de este periodo su única obra conocida: la Basílica de Fanum, en Italia. Es el autor del tratado sobre arquitectura más antiguo que se conserva y el único de la Antigüedad clásica, De Architectura, en 10 libros (probablemente escrito entre los años 23 y 27 a. C.). Inspirada en teóricos helenísticos, la obra trata sobre órdenes, materiales, técnicas decorativas, construcción, tipos de edificios, hidráulica, mecánica y gnomónica, en la edad media (y posteriormente) considerado uno de los padres de la arquitectura clásica. Tomado de: Jan, Gympel, Historia de la arquitectura moderna. De la antigüedad a nuestros días, Könemann, Barcelona, 1996, pp. 6-14 y 30-48.

[4] Kenneth, Frampton, op. cit. p. 14.

[5] Ibídem., p. 10.

[6] Post-modernismo o Posmodernismo: término difícil de definir, ya que se divide en diferentes áreas. Las tres más importantes: como movimiento filosófico-sociológico nacido al popularizarse el libro de Jean Francois Lyotard La condición posmoderna, de 1979, con otros grandes exponentes, como Gilles Lipovetsky y Jürgen Habermas; como movimiento artístico, cuyos rasgos más notables son la valoración de las formas industriales y populares y la persistente intertextualidad representada en sus obras; y, finalmente, como movimiento arquitectónico que va en contra del pragmatismo modernista en el que «la forma seguía a la función», ya que según Robert Venturi, importante arquitecto posmodernista, «Form follows fiasco», es decir, «la forma sigue al fracaso», dice que las formas creadas sin tradición que las sustentara conducían a una pérdida arquitectónica. Para más información ver Jean Francois Lyotard, La condition postmoderne: Rapport sur le savoir, París, Minuit, 1979, y Jürgen Habermas, «El discurso filosófico de la posmodernidad», en El pensamiento posmetafísico, Alianza, Madrid, 1996.

[7] Cabe señalar que aún hoy hay un amplio debate entre los historiadores del arte por encasillar en una terminología adecuada la variedad de estilos surgidos a principios del siglo XX, para facilitar un poco la comprensión de estos se ha decidido dividirlos en estas dos grandes ramas.

[8] Al no encontrar un término adecuado en las lecturas consultadas, se optó por asignar uno distinto que describiera lo mejor posible esta corriente, esperando que con un estudio más a fondo, en un futuro se pueda encontrar el término adecuado para ésta.

[9] Lucio Felici, et al., La Novae encyclopédie dell’arte Garzanti, Milano, Grazanti Editore, 1986, pp. 649-652.

[10] Jan, Guimpel, op. cit., pp. 76, 81 y 82.

[11] Lucio, Felici, et. al., op. cit., p. 59.

[12] Ídem.

[13] Según palabras de Le Corbusier, citadas en: Mauro, F. Guillén, «Modernism without modernity: The rise of  Modernist architecture in México, Brazil & Argentina, 1890-1940», Latin American Research Review, vol. 39, número 2, 2004, pp. 6-34.

[14] Ibídem., p. 9.

[15] Meyer, Lorenzo, «La Revolución mexicana y las potencias anglosajonas. El final de la confrontación y el principio de la negociación, 1925-1927», en Historia Mexicana, número 134, vol. 34, octubre-diciembre, 1984, pp. 300-352.

[16] Video documental  Los Murales del Palacio de Bellas Artes, INBA, Producciones Volcán, México, 1997.

[17] Ambos dioses prehispánicos del agua.

[18] Ver Víctor Jiménez et. al., Catálogo de la exposición «La arquitectura en México», Porfiriato y movimiento moderno, INBA, México, 1983.

[19] Jonathan, Brown, «Empresa Política: Cómo y por qué se nacionalizó la industria petrolera», en Carlos Marichal y Mario Cerruti (comp.), Historia de las grandes empresas de México, 1850 1930, México, FCE, 1997, pp. 317-344.

[20] Información obtenida por medio de una entrevista con el arquitecto graduado de la UNAM Rubén Ochoa Ballesteros, el día 21 de febrero del año 2009.

[21] Mauro, F. Guillén, op.cit. p. 6.

[22] Kenneth Frampton, op. cit. pp. 8-11.

[23] Es decir, la mayoría de las personas que habitan en esta zona no tienen que salir de ella para cumplir con sus actividades diarias, ya que ahí mismo hay servicios como hospitales, universidades, escuelas, centros comerciales y oficinas.

[24] Basta tomar la carretera de Pachuca para darse cuenta de ello.

__________

Miguel Ángel Hernández Lobunsky (1988) estudia historia en la UAM y trabaja en el Instituto Mora.

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5 comments on “La arquitectura modernista en la ciudad de México

  1. Didier A. on said:

    Recurrí mucho a este articulo para elaborar un ensayo, lo mejor que hay del tema, muy bien desarrollado. Muchísimas gracias.

  2. sergio rodrigez sanguino on said:

    yo amtes creia que la arquitectura moderna era un asco y era mejor la clasica pero tambien es dificil y complicada

  3. sergio rodrigez sanguino on said:

    la arquitectura es una de las bellas artes y se tiene que admirar

  4. S. Alberto on said:

    concuerdo con Noe, me sorprendio la forma de narracion tan natural y las expresiones como boom, realmente me quedo claro lo que es el modernismo en mexico

  5. Noé Iván López Figueroa on said:

    Excelente información y muy buen enfoque del contexto histórico y social que envuelve a esta corriente de diseño, te felicito por tu trabajo y te agradezco, estoy haciendo un trabajo sobre el Art Decó en México y ésta es la página con la información más completa.

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