Thursday, 24th April 2014

En la guarida del buscador de cabezas

Publicado el 03. nov, 2010 por en Cuadrivio proteico

Una micronovela sobre Antonio Ortuño



En su edición de octubre, la prestigiosa revista Granta publicó un listado con los que, a su parecer, son los 22 mejores narradores jóvenes en lengua española. Sólo un mexicano fue incluido en el repertorio: Antonio Ortuño. Diego Armando Arellano conversó con el «ilustre constructor de frases» (como lo ha llamado Rafael Lemus) y, en lugar de componer una entrevista, decidió escribir esta peculiar micronovela.


Diego Armando Arellano


Prólogo

Antonio Ortuño es escritor. Nació en Guanatos, por accidente, en el año 76. Está loco y no tiene miedo cuando escribe. Le iba a las Chivas del Guadalajara hasta que llegó Vergara. Lee a Alfred Tenysson, Ezra Pound y Nicanor Parra. Es autor de dos novelas: El buscador de cabezas y Recursos humanos. También le hace al cuento, escribió un libro de relatos de nombre El jardín japonés (2007). A veces no es borracho. Le fascinan el alcohol, el punk rock y Anne Sexton. De la televisión sólo ve Breaking bad y los juegos de la NFL. Le aburre el cine y detesta el teatro. Fue el único escritor mexicano elegido por la revista Granta como uno de los mejores narradores de la actualidad.

I.

Ortuño escribe para defenderse. Vive en guerra constante contra los hombres del discurso idiota. Su arma es la palabra. La pule, la encera y dispara. Él es franco. Ácido. Buena gente. Si se deja la barba y adopta esa pose de malandrín en las fotografías es sólo para impresionar a su mujer. Supongo. Su mujer se llama Olivia.

II.

Olivia se enteró primero de la distinción. Llamó a Ortuño a las cinco de la mañana y le dijo: Felicidades, estás en Granta, entre los 22 mejores narradores. Antonio no hizo caso del anuncio. Se volvió a dormir y soñó que le atinaba a los resultados del Progol. En el sueño se volvía  multimillonario.

III.

Despertó crudo. Pero con una alegría brutal por la noticia que le había dado su mujer. «Esto va por mis amigos y más por mis enemigos», sonrió maldito. Puso algo de punk rock en el estéreo. Entró a internet y fue directo a Google. Su nombre aparecía en 57 artículos relacionados. Leyó la nota de El País, El Informador y Milenio. Se aburrió de leer y se largó a curar la cruda.

IV.

Antonio dio las primeras declaraciones a la prensa nacional: «Con mi nombramiento, se pone en duda que funcione el sistema de becas. Yo jamás formé parte de los jóvenes creadores», y agrega: «Muchísima gente sin el menor talento ha podido obtener esas becas, aunque hay otros escritores de mucho talento que también las han obtenido. Me parece que quienes las otorgan son poco rigurosos. Conaculta debería darle una revisada al tipo de políticas con las cuales se asignan esas becas para discutirlo e irlo afinando sobre la marcha».

V.

Conaculta hizo el coraje de su vida. La oveja descarriada se chingó al rebaño sagrado de un bocado y sin ayuda del lobo. A Ortuño eso es lo que menos le importa. Prefiere leer un rato a Nicanor Parra o Ibargüengoitia. Leyendo relaja su ira. La ira de Antonio es como una pinche enfermedad crónica. Se va y se viene, se va y se viene. Se desquita escribiendo, lo hace directamente en la computadora. Su letra es la más horrenda de su generación, y se niega a utilizar papel para su prosa. Prefiere Arial. 10 puntos.

VI.

Antes de iniciar a escribir cualquier cosa, Antonio decapita gallinas negras. Manía que le funciona muy bien desde antes del 2006, cuando escribió su primera novela: El buscador de cabezas. A su lado, no puede faltar la prosa de Borges, «Leer a cierto Borges, efectivamente, mejora la prosa». No está de más algo de Arreola, Ortuño considera que el zapotlense tiene páginas esplendidas. Antonio escribe a ratos. Un rato sí. Un rato no. Después de un rato, seguro, le da hambre.

VII.

Camarones, ni pensarlo. Antonio es alérgico a los gatos y a los camarones. Tampoco le agradan los perros, más que uno. Pero esos animalejos peludos no le causan alergias. Hace desidia y no traga nada en todo el día, en cambio vuelve a entregarse al texto que dejó pendiente. Ortuño piensa escribir otro cuento. Un cuento, para él, es «Un organismo de total precisión». Y prueba de ello, Orgullo de Rubem Fonseca, un cuento impresionante.

VIII.

Ortuño seguirá escribiendo para sus acreedores. Ya no hay remedio para él. Alguna vez, cuando estudiaba, fue un alumnito calladito y eficiente. Confiesa descaradamente: «Quise dedicarme a oficios más respetables, como la música, el futbol y el cine, pero lo único que supe hacer decorosamente fue escribir». Ni hablar. «Que vengan más premios, pero como los del Progol, por favor», dice Antonio.

________________

Diego Armando Arellano (1984) estudió periodismo en la Universidad de Colima. Se integró al taller literario de José María, la Foca, en la ciudad de Toronto. Actualmente hace periodismo para el periódico El Juglar y es colaborador de Cuadrivio.

Tags:

One comment on “En la guarida del buscador de cabezas

  1. Exelente entrevista. Un poco fuera de lo común por la manera en que está escrita (micro novela) pero cumpliendo con el objetivo de informar acerca del entrevistado de manera más relajada, sin “cebollazos” como es costumbre.

    ¡Felicidades!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

24.063 Spam Comments Blocked so far by Spam Free Wordpress

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>