Tuesday, 21st October 2014

Los pensadores, de Daniel J. Boorstin

Publicado el 01. ago, 2010 por en Libros, Zoo

Daniel J. Boorstin, Los pensadores, traducción de Santiago Jordán Crítica, Bilioteca de Bolsillo, Barcelona. 344 pp.

Tenemos un cielo en común. El mismo firmamento nos rodea. ¿Qué más le da con qué tipo de teoría aprendida cada hombre ha buscado la verdad? No hay un solo camino que conduzca hasta un secreto tan sagrado.

Símaco, al reponer la estatua de la victoria en el Foro romano, 384. a.C.

Miguel Cabrera «Sómacles»

Bajo la iluminación hiriente de una vieja lámpara, Aníbal atrancó una silla a la puerta principal de su departamento. Había sido sujeto de imprecaciones la noche pasada y un sentido de venganza no consumada le hervía la sangre: necesitaba externar su enojo. Los editores habían decidido que su novela no sería publicada ¿Qué es lo que transita por las vías de la expectativa? Un modelo, sí, un cuadrado que delinea la figura y distribuye las palabras con el visor de la subjetividad, un asunto de negocios.  Cuando las propuestas no son acordes a la consumación de esta labor geométrica, la faena se vuelve un trabajo supernumerario, el que se destina al escrutinio de los corifeos y demás seguidores de un señalamiento, una ironía en potencia.

Caminó en dirección a la cocineta con su abrigo de astracán, regalo de Cirene, preparó con parsimonia la queimada y se sentó en la mesa, una exquisita pieza de marfilina, tal vez su posesión más extravagante. Abrió el libro desgastado, preparó varios papeles en blanco, y una vez tranquilizado completamente, tomando su pluma estilográfica, empezó a escribir la reseña prometida.

Se nos enseña a pensar que la historia es unitaria –rezaba el inicio del texto–, la de los acontecimientos que fijan las improntas del recuerdo, del análisis, de la memoria que forma la identidad de una sociedad. Es un juego con la temporalidad en su concepción lineal que a tiempo esclava de una circunferencia a la distancia, así como las matemáticas euclidianas, se resistían a la obviedad de sus límites. Mas la infinita cantidad de eventualidades que se escapan al azoro de nuestros cronistas es tal, que abrazar tan enorme conjunto sólo les es posible a los pensadores de las generalidades, no a los políticos de las abstracciones que gustan de presumir una pureza en sus conceptos, de sus ideales.

Ésa es la enseñanza final, aunque tímida, de un historiador como Daniel J. Boorstin. Él se ha entregado con entusiasmo a una tarea que dota de sentido a cada individuo en su dedicación, a cada reflexión que considera la condición del ser humano tanto en su generalidad como en la esencia de su propia individualidad, la del modo de ser un filósofo, un artista o un científico. Ya se había entregado a esta tarea con anterioridad,  en sus libros Los descubridores y Los creadores, leemos a un inquieto, un curioso que a través de los textos explora los vastos bosques del ingenio, los placeres, los conflictos y las más bellas aspiraciones humanas. Como si de una verbena de voces cantarinas se tratase, el conocimiento del estudioso va interpenetrando varias épocas dejando entrever la cualidad exigua del nuestro.

Detuvo la redacción por un momento para salir a respirar el gélido aire que resoplaba en la pequeña terraza, siempre bebida en mano. Extraño entretenimiento en sus hábitos, tiempos de reflexión; atravesó de regreso la estancia, un lugar extraño, en las paredes colgaban recuerdos de sus viejas aventuras: un mirlo disecado, un vacarí empolvado y varios daguerrotipos de personajes célebres; destacaban a su vez un Miró y un Kandinsky, por supuesto duplicados.

A lo largo de los tres libros que conforman Los pensadores, cúspide de su trilogía, Boorstin encuentra el camino que al parecer, se deriva naturalmente de la investigación que abordó, la de las consecuencias que determinan lo que conocemos como civilización. En este marco se inscribe la historia del escritor y bibliotecario norteamericano, en la de los viajes de paradójicos estáticos-devenires, pues el tiempo cambia y la naturaleza humana permanece incólume.

La brillantez con que está trabajada la escritura y su enorme capacidad de síntesis, son las principales virtudes de este libro, aunque, como en todo estudio de las historias, refleja una perspectiva, una opinión, que no me deja ninguna duda al afirmar que el escritor pecaba de ingenuidad pese al esfuerzo por encontrar los más íntimos raíles de la condición humana. Y es que la erudición invoca sus propias dificultades, que son las de las desafecciones, ya sea hacia la profundidad o a la amplitud con las que un tema es abordado. Estrictamente hablando, Los pensadores y los restantes libros de su triada son a la filosofía, la ciencia y el arte, lo que la Historia del análisis económico de Joseph Schumpeter es a la economía, o lo que Morris Kline representa a su disciplina con la Historia del pensamiento matemático; unos verdaderos tratados de las doctrinas, los hechos y los descubrimientos que han brindado dinamismo a las actitudes ramplonas de los seres humanos. Y por eso la candidez de Boorstin, porque ayudándose de un espejo trascendental, retrata mayoritariamente –y pese a una muy retraída pluralidad– las magnificencias que en un ejercicio de lozanía, se empeñan por permanecer como megalitos ante el rumbo menguante de un edificio que zozobra constantemente, a saber, el de la conciencia humana.

En otras palabras, la pretendida generalidad de su trabajo pierde lucidez ante las desdeñadas particularidades que representan ese otro lado oscuro en las conformaciones de las estructuras sociales e históricas.

Si bien Boorstin se perfila como un historiador de la objetividad, de lo ordenado, no es menos cierto que su lectura es bien disfrutable. Ya sea que nos hable de la senda que trazan los profetas y cristianos, de la búsqueda colectiva por la razón con Tucídides, Descartes o Voltaire, o el advenimiento de la perplejidad con Kierkegaard, Malraux y Einstein, emergen novedades insospechadas en el discurso del erudito –de hecho bastante pocas– pero que en su escasez, brindan pistas de una suma enterrada, la de los enunciados anónimos. Por eso, cuando ante los maquillados jirones de la historia se ponen en marcha propuestas acordes con el desenterramiento de epistemes, encontramos que los trotamundos del recuerdo como Boorstin, representan un objetivo de doble cuño, el del desacuerdo y la insistencia en las cualidades creacionales del ser humano.

Con todo, no puedo dejar de reconocer en el norteamericano un ingente esfuerzo por mostrar otra cara de la historia, invitándonos a deducir por cuenta propia el río subterráneo de los eventos sojuzgados.

Cuando colocó el punto final, Aníbal se retrepó en su sillín, una verdadera monería de ojoche bien tallado. Se preguntaba si cuando amaneciera, saltaría a la calle por la ventana, o si de una vez por todas se atrevería a despejar el camino de la entrada, efímera testiga del desdoro de un filósofo.

_____________

Miguel Cabrera (Ciudad de México, 1988) es estudiante de la licenciatura Economía y Matemáticas Aplicadas en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Pertenece al consejo editorial de Cuadrivio.

Print Friendly

Tags: ,

One comment on “Los pensadores, de Daniel J. Boorstin

  1. Qué afán de que lo lean a uno dos veces. Original manera de reseñar, me pierdo entre lo que es el libro y lo que es la ficción, me encanta que no haya límites entre ambos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

33.639 Spam Comments Blocked so far by Spam Free Wordpress

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>